Entre la estrategia y la estratagema

Agustín Saavedra Weise

16-12-2005

A decir del general Carl von Clausewitz (1780-1831), la estratagema supone un propósito oculto y se contrapone por ello con una relación franca, simple y directa. En consecuencia, no se vincula con los instrumentos persuasivos, de interés propio o de fuerza y más bien se relaciona con la mentira. Se utiliza una estratagema para que la persona a la que se quiere engañar cometa errores de inteligencia que, combinados con un efecto, modifican la naturaleza de las cosas repentinamente. En consecuencia, afirma el filósofo de la guerra, así como la imaginación es un acto de prestidigitación con las ideas y las concepciones, la estratagema es un acto de prestidigitación con las acciones.
Si la estrategia es la manera en que se planifica una operación con miras a un objetivo determinado y la táctica las secuencias menores de la prosecución, entonces la estratagema viene a ser la ‘chispa’ de astucia que se usa para ayudar a doblegar al enemigo mediante algún ardid o cuando no queda ya otro remedio. Es por eso que muchas veces el que más usa la estratagema –una especie de arte del engaño o de la confusión– es el que se encuentra en inferioridad de condiciones. Quien dispone de mayores recursos, puede inclusive prescindir de la estratagema y utilizar solamente acciones frontales, directas. Sabe que su mayor cantidad de material doblegará al adversario y no escatimará los recursos que tiene a disposición. El débil, en cambio, tiene siempre a la estratagema para su uso; si ésta es la adecuada, puede causar más de una sorpresa.
Siguiendo a Clausewitz: mientras la táctica es la encargada de impartir el golpe concreto, la estrategia es el arte de utilizar talentosamente los medios para realizarlo; por tanto, además de las fuerzas temperamentales, como la ambición fervorosa que siempre empuja como un resorte, como la profunda voluntad que difícilmente se entrega, parece no haber otro atributo que sea tan adecuado como la estratagema para dar dirección a la actividad estratégica en momentos de desesperación o de búsqueda de sorpresa. En la base de toda tentativa de sorpresa se encuentra pues una porción, aunque sea pequeña, de la estratagema.
En la medida en que las fuerzas que comandan la estrategia se debilitan, más se adecuarán a la estratagema. Es el recurso postrero de las fuerzas pequeñas y empobrecidas. Cuanto la situación empeora, más necesitará el débil de la colaboración de la estratagema, reitera Clausewitz.
En este proceso electoral boliviano que ya concluye hemos visto más estratagemas que estrategias, más engaños y guerra sucia que plataformas y proyectos concretos. Dejando completamente de lado los pocos o abundantes recursos materiales de los candidatos, así nomás han sido las cosas. Pareciera ser que casi todos optaron por la estratagema y se olvidaron de la estrategia. A nosotros, los votantes, nos conviene tener esto en cuenta a la hora de decidir. Habrá que ver si los votos, al final, son fruto de la estrategia más inteligente o de la estratagema más astuta usada para convencernos. En pocos días lo sabremos.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia