En recuerdo de José Ortega y Gasset

Agustín Saavedra Weise

28-10-2005

Hace exactamente 10 días, el pasado 18 de octubre, el mundo de habla hispana recordó el 50º aniversario de la muerte del gran filósofo José Ortega y Gasset. En esta nuestra desventurada Bolivia, tales acontecimientos pasan casi absolutamente desapercibidos, ya que pueden más las pequeñeces, las envidias y mezquindades, como también la dañina tendencia mediática en pro de lo frívolo y de lo conflictivo.
José Ortega y Gasset nació en Madrid el día 9 de mayo de 1883, en el seno de una familia perteneciente a la burguesía liberal e ilustrada de finales del siglo XIX. Murió en la misma Madrid el 18 de octubre de 1955.
Como ensayista, Ortega y Gasset fue uno de los mejores del pasado siglo XX. Su impecable castellano y la claridad de sus expresiones le dieron merecida fama.
A dolorosas horcajadas entre un mundo monárquico derrumbado, una república que colapsaba y un fascismo que asomaba amenazante en el horizonte, Ortega optó por alejarse de su país, allá por la década de los 30. Pasó varios años de auto exilio. Estuvo en Argentina, país al que le dedicó varias notas y críticas, tanto agudas como constructivas. Es famoso su dicho: ¡Argentinos, a las cosas!
Poco puedo agregar en el escaso espacio de esta columna a los datos e historia de este gran hombre, que no puedan ustedes amigos lectores procurar fácilmente vía Internet o en cualquier enciclopedia. Basta ahora y como un modesto homenaje, reproducir varias citas de Ortega y Gasset, las que en su nutrida gama nos reflejan su ser, su mente y su sentido filosófico de la vida, He aquí algunas:
El deseo muere automáticamente cuando se logra: fenece al satisfacerse. El amor en cambio, es un eterno insatisfecho.
La vida cobra sentido cuando se hace de ella una aspiración a no renunciar a nada.
El hombre se diferencia del animal en que bebe sin sed y ama sin tiempo.
En tanto que haya alguien que crea en una idea, la idea vive.
Sólo cabe progresar cuando se piensa en grande, sólo es posible avanzar cuando se mira lejos.
Siempre que enseñes, enseña a la vez a dudar de lo que enseñes.
El malvado descansa algunas veces; el necio jamás.
El que no pueda lo que quiera, que quiera lo que pueda.
Yo soy yo y mis circunstancias y si no salvo mis circunstancias tampoco me salvaré yo.
Sorprenderse, extrañarse, es comenzar a entender.
Los hombres no viven juntos porque sí, sino para acometer juntos grandes empresas.
Mientras el tigre no puede dejar de ser tigre, no puede destigrarse, el hombre vive en riesgo permanente de deshumanizarse.
Dime cómo te diviertes y te diré quién eres.
La máxima especialización equivale a la máxima incultura.
El hombre fuerte no piensa nunca en atacar. Su actitud primaria es simplemente afirmarse.
No sabemos los que nos pasa (a los españoles) y eso es lo que nos pasa.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia