El dramático tema del cambio climático

Agustín Saavedra Weise

30-12-2005

Como tantos otros acontecimientos que tienen lugar en el mundo sin que, con la excepción de algunas reparticiones oficiales, en Bolivia reparemos en ello ni nos enteremos, ha terminado a mediados de diciembre una importante reunión de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) sobre cambio climático, conocida formalmente como La Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático. Aglutinó a todos los países miembros de la ONU más casi 10.000 participantes. El encuentro tuvo lugar en Montreal (Canadá) y produjo más de 40 resoluciones importantes, sobre todo por ser la primera gran asamblea internacional sobre el tema desde la suscripción en febrero pasado del Protocolo de Kyoto (Japón).
Me acuerdo de que cuando allá, por 1983, publiqué una nota con el título La Tierra se calienta, la misma provocó tanta hilaridad como curiosidad, pero en particular lo primero. Y claro, yo venía de Ginebra, donde el tema ya era tratado en organismos internacionales, aunque sin la vasta publicidad de ahora, quedando el conocimiento en niveles discretos. Era lógico, por tanto, que la gente se riera de algo que parecía que no podía pasar nunca. Pues bien, en este siglo XXI y pasadas más de dos décadas, ya nadie se ríe. Ahora todo el mundo sabe y se preocupa: la Tierra cada día se calienta más, provocando una serie de desastres climatológicos y ecológicos. Sin ir muy lejos, se calcula que las temperaturas en el Ártico pueden ascender hasta 7 grados en los próximos 100 años, provocando así deshielos gigantescos y otros trastornos graves. De la misma manera, áreas tropicales están pasando a ser más frías que lo habitual, otro tipo de desorden provocado por las alteraciones del clima y por el daño infligido a los sistemas de alta biodiversidad. Agréguense tsunamis, terremotos y otras calamidades.
Gran parte del forzado cambio climático tiene que ver con la contaminación ambiental, producto del uso excesivo de combustibles fósiles y de otros elementos dañinos. China y Estados Unidos acaparan nada menos que los mayores niveles contaminantes mundiales y, sin embargo, el país del norte sigue testarudo; se niega a suscribir el Protocolo de Kyoto (Japón), instrumento internacional y multilateral que se ha extendido hasta 2012 y señala una serie de pautas tendentes a mitigar el proceso contaminante, si es posible, a reducirlo todo lo que se pueda. Es por eso que dicho protocolo promueve el uso de biocombustibles y gas natural, por ser energéticos limpios y amigables con el medio ambiente, ayudando a reducir así el llamado ‘efecto invernadero’ que calienta la atmósfera anormalmente. En un invernadero la temperatura es más alta que en el exterior porque entra más energía de la que sale, por la misma estructura del habitáculo, sin necesidad de que empleemos calefacción para calentarlo. Así definen los especialistas a ese singular fenómeno que afecta hoy a nuestro planeta como producto de la devastadora contaminación.
Después de varias discusiones, durante la conferencia climática se acordó iniciar un proceso que tendrá como fin estudiar nuevos compromisos de los países industrializados para el periodo posterior a 2012, con la posibilidad de extender el Protocolo de Kyoto por mayor tiempo.
El cambio climático es a esta altura plenamente vigente y adquiere ribetes hasta dramáticos. De ahí los denodados esfuerzos realizados por la ONU para tratar de lograr consensos sobre este vital tema. De allí, también, la obvia relevancia de este ‘cónclave’ que tan sumariamente he comentado.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia