EN ANILLO DE LOS NIBELUNGOS

Agustín Saavedra Weise

24-06-2005

El gran compositor musical alemán Richard Wagner (1813-1883) es el creador de la famosa tetralogía conocida como El Anillo de los Nibelungos. En esta magna obra se retratan diversos personajes y escenas de naturaleza mitológica que no vale la pena reseñar aquí por la brevedad del espacio. Tan sólo conviene recordar que el ‘anillo’ se divide en cuatro óperas que forman un todo unificado: a) El Oro del Rin; b) Las walkirias; c) Sigfried; d) El crepúsculo de los dioses.
En Sudamérica como marco y en Bolivia como epicentro, hemos podido encontrar una parodia de esta magna obra, a la que –sin ninguna manera de faltarle el respeto– se le puede hacer una adaptación libre, dejando la música y cambiando el guión.
El Anillo de los Nibelungos vendría a ser el equivalente del cacareado ‘anillo energético’ publicitado en estos últimos días luego de la cumbre de los países del Mercado Común del Sur (Mercosur) y que, abiertamente, relegó a Bolivia de su ecuación estratégica. Éste es el título de la obra, el ámbito global con sus estados integrantes.
En la primera parte del cuarteto wagneriano y en lugar del oro del Rin, tendríamos el ‘gas de Bolivia’. Aquí se narraría toda la vicisitud pasada, presente y futura de este fluido en nuestro país, fluido que en lugar de traer felicidad y prosperidad ha creado muchos problemas y proyectó hacia al exterior la imagen de una Bolivia tan inestable y volátil, que nadie quiere depender de ella para sus planes industriales de mediano y largo plazo.
La segunda parte sería las ‘marchirias’, en lugar de las walkirias originales. Serían nuestras mujeres y hombres en las calles pidiendo nacionalización de los hidrocarburos, cavando pozos en los ya de por sí malos caminos bolivianos (y con eso arruinándolos más), encabezando diversas manifestaciones que bajo el rótulo de ‘sociales’ paralizan al país, tumban gobiernos, crean caos y angustia y se convierten al final en situaciones fascistas similares a las generadas por Hitler en la Alemania del siglo pasado con sus tristemente famosas SA (tropas de choque).
En la tercera parte dedicada al héroe Sigfried, en Bolivia tendríamos en su lugar a ‘Evus’, personaje nativo mitológico que asume el liderazgo de marchirias y marchirios, desenvainando la demagógica espada que ‘defiende’ al oro del Rin (el gas) mientras éste se escapa –para su uso y venta– casi para siempre de manos bolivianas por el exceso de tanto ‘despiporre’, el que termina espantando a propios y extraños.
Al llegar a la última parte del drama –el crepúsculo de los dioses– obligadamente en esta parodia asistimos al final trágico que podría titularse el entierro del gas. En la marcha fúnebre de Sigfrido (Evus) se observaría simbólicamente equipos de explotación y exploración hidrocarburífera yendo a parar a la chatarra, ya que nadie ha querido ni quiere comprar el gas boliviano, menos aún seguir invirtiendo en el país. El daño está consumado, la macabra obra está concluida y el Anillo de los Nibelungos seguirá otro curso, casi con seguridad sin Bolivia, salvo que ésta, en un giro heroico, asuma de una buena vez un sentido responsable y provista de garantías internacionales (las propias no bastan y ya nadie confiaría en ellas) se lance con sus abundantes reservas gasíferas a la arena y destrone al oportunista de Hugo Chávez y a los avivados peruanos, que aprovechando el desarrollo de la ópera tragedia en Bolivia, mostraron la hilacha, pretendiendo ser ellos ahora quienes satisfagan a los vecinos nibelungos, que bien podríamos retitular para nuestra historia ‘gasolungos’.
Hasta aquí la parodia. Si queda alguna enseñanza o moraleja, esa se la dejo a usted, amigo lector.

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia