Comandante Saavedra: ¡Presente!

Agustín Saavedra Weise

16-09-2005

El 8 de septiembre de 1995 se apagó la vida de Armando Saavedra Suárez ‘Patochi’. Se ha cumplido recientemente una década de su llorada partida. Paradójicamente, y en un raro juego del destino, murió el mismo día que su hermano mayor Agustín (‘Cuti’) –mi padre–, pero 29 largos años después, ya que ‘Cuti’ Saavedra falleció en 1966. Desde esa ya lejana fecha y hasta el fin de sus días, ‘Patochi’ fue para el suscrito y sus hermanos el progenitor que ya no teníamos. Volcó sobre nosotros todo su cariño y protección, y se convirtió así en un segundo padre, en un ser extraordinariamente querido y respetado. Lo mismo aconteció con mis primos, hijos de su otro hermano mayor, Luis, también prematuramente fallecido en 1956, y sobre los cuales derramó su perenne afecto. Fue así como hijos y sobrinos nos transformamos –todos– en la gran familia de tío Armando, cuya ala protectora nos cubrió y nos daba seguridad.
Graciosamente lo llamábamos ‘comandante Saavedra’. Él disfrutaba con estas demostraciones de respeto y afecto.
Personalmente, y ahora que radico definitivamente en Santa Cruz, recuerdo que siempre me decía –cuando me visitaba en Buenos Aires– lo siguiente: “Muchacho, tarde o temprano, una vez que seas cincuentón, vas a volver a tu pueblo; te vas a olvidar de todos estos ‘pituqueríos’ diplomáticos y te quedarás a vivir en Santa Cruz, donde también te acostumbrarás al calorcito; te olvidarás también de los cambios de estación y de otras burreras que ahora te preocupan”. Sus palabras fueron proféticas: ahora resido en Santa Cruz y me siento extremadamente feliz de hacerlo. Desde ya, me he acostumbrado plenamente al calor, del que ahora disfruto, al igual que todo buen cruceño.
‘Patochi’ Saavedra fue un gran personaje, un hombre singular. Con sus queridos Tauras tenía encuentros inolvidables, al igual que con muchos otros amigos que lo querían de verdad. Siempre servicial, nunca hizo daño a nadie; más bien colaboró con quien pudo y como pudo, siempre sin cálculos mezquinos, siempre sin esperar nada a cambio.
Cuando niños y mientras estábamos internados en Argentina, las llegadas de tío Armando eran motivo de especial alborozo. Sabíamos –con mis hermanos– que teníamos garantizado un fin de semana de comilonas y diversiones a cargo de la proverbial generosidad de ‘Patochi’.
Ya todos maduros, este tan querido familiar continuó prodigando su amor hacia nosotros, sus sabios consejos, su permanente apoyo. Ese 8 de septiembre de 1995 fue un día particularmente aciago porque nos abandonó, pero luego del dolor, con el transcurso del tiempo, aprendimos que él vive en nosotros, que Armando Saavedra Suárez estará siempre a nuestro lado. Usted no se ha ido querido tío, está aquí, con todos sus recuerdos y enseñanzas, con todo lo que usted significó y significará.
Tal como se decía en las antiguas llamadas de guardia, hoy, 10 años después y así hasta el fin de los tiempos, podré siempre repetir: comandante Saavedra: ¡Presente!

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia