Bolivia y los biocombustibles

Agustín Saavedra Weise

18-11-2005

Como me explicaba la semana pasada mi buen amigo Jaime Guardia Romero, conocido experto en hidrocarburos, el tema de los biocombustibles es de vital importancia para Bolivia y, sin embargo, poco se hace por incentivarlo, aunque últimamente han salido –ya era hora– algunas disposiciones legales al respecto.
Como su nombre lo indica, los biocombustibles vienen de algo viviente y no de fósiles, como los hidrocarburos tradicionales. Según datos disponibles (de los que echo mano ahora), provienen de materia orgánica de origen animal o vegetal el alcohol etílico o etanol, metanol, biodiésel y combustibles gaseosos tales como hidrógeno y metano. Los biocombustibles se utilizan principalmente como fuente de energía de vehículos con motor y para producir energía eléctrica.
El etanol se produce a partir de los carbohidratos contenidos en vegetales, tales como el maíz o la caña de azúcar. El biodiésel se produce a partir de la reacción química de los triglicéridos contenidos en aceites de origen vegetal o animal. Se mezcla con el combustible diésel convencional o se utiliza puro (biodiésel 100%). El biodiésel se puede producir a partir de aceites de semilla como la soya, de grasas de animales, de aceites usados residuales de frituras y de aceites de microalgas.
El biodiésel, obtenido a partir de materias primas renovables, es un combustible líquido no contaminante y biodegradable que se puede utilizar en el sector del transporte urbano, minero, agrícola y marino, así como en calderas de calefacción.
Frente a estos incontrastables hechos de público conocimiento, surgen las preguntas de rigor: ¿por qué en Bolivia aún no tenemos plantas de biodiésel? ¿Por qué se mantiene el alto subsidio al diésel importado cuando podríamos fabricarlo acá con la abundante materia prima disponible? ¿Cuántos estudios hay en Bolivia sobre el tema de los biocombustibles y por qué casi ninguno se ha llevado a la práctica? En fin, el cuestionario puede ser interminable, pero llegamos siempre a una triste conclusión: o hay un conjunto de intereses creados en torno al diésel tradicional que traba el desarrollo del biodiésel, o nos enfrentamos con la desidia acostumbrada que caracteriza a nuestro país frente a los grandes proyectos generadores de cambio cualitativo. Es por eso que estamos como estamos...
Coincido con Jaime Guardia en que la perenne discusión sobre el diésel común y su no menos perenne desabastecimiento, podrían ser cosa del pasado si se encarara con firmeza un desarrollo del biodiésel, algo tan vital hoy en día por provenir de recursos renovables y ser un combustible que respeta el medio ambiente.
Con el tema de la ‘alconafta’ (o gasolina de alcohol) ya fue un tormento el peregrinar de sus pioneros para lograr que el gobierno de turno autorizara la norma respectiva de producción. Lo único que faltaría sería un peregrinaje similar con los otros biocombustibles, el biodiésel en particular.
Hay financiamiento y plena simpatía de los organismos internacionales para llevar a cabo emprendimientos no contaminantes y que solucionen el problema energético. Adelante pues con el biodiésel y con todos los biocombustibles. Parafraseando a Ortega y Gasset: ¡Bolivianos, a las cosas!

Dr. Agustín Saavedra Weise © Derechos Reservados 2005
Santa Cruz - Bolivia