Recordando la función esencial del empresario innovador

           El austríaco Joseph Alois Schumpeter (1883-1950) ha sido uno de los grandes economistas que tuvo el siglo XX en su primera mitad. Fue estudioso del desarrollo económico, historiador y agudo observador de los fenómenos sociales. Además, autor de "Capitalismo, Socialismo y Democracia", "Historia del Análisis Económico" y otras obras de innegable vigencia hasta hoy.

           Uno de los conceptos que hizo famoso a Schumpeter es el de la innovación; la permanente introducción de inéditas técnicas contribuía decisivamente al desarrollo económico, brindándole impulso y dinámica. La teoría de Schumpeter tenía alrededor del "empresario dinámico" el centro mismo de su pensamiento: su poder creativo y la capacidad de riesgo lo convertían en la fuerza básica del proceso de cambio.

           El profesor austríaco entendió a la innovación no solamente como el ingreso dentro de la actividad productiva de nuevas técnicas, sino también incorporó al concepto las mejoras sustanciales para productos existentes (por ejemplo, del antiguo televisor a los ultramodernos de hoy). La innovación puede entendérsela inclusive -abarcando su idea global- hasta en la apertura de nuevos mercados con posibilidades industriales y comerciales. Esto sería en un contexto contemporáneo, tan importante como la introducción de robots, redes sociales e Internet, por representar algo nuevo que impulsa al progreso.

           Otro planteamiento vital en la teoría de la innovación es que ella no ocurre continuamente, sino a intervalos regulares. Luego de una innovación básica, aparecen innovaciones derivadas, las que asientan y decantan el proceso por un tiempo razonable. Los ciclos económicos podrían tener alguna explicación parcial con las ideas schumpeterianas. La depresión pasa a ser una consecuencia del crecimiento. Compañías productivas que no supieron adaptarse a las nuevas técnicas desaparecerían y se genera entonces, el fenómeno que Schumpeter -siguiendo a Carlos Marx y Werner Sombart- denominó "destrucción creativa". Hoy en día, con la creciente injerencia y ayuda -directa o indirecta- que brinda el Estado a ciertas sociedades industriales y comerciales, la extinción no siempre se cumple y terminan cohabitando negocios de punta con aquéllos que son ineficientes y obsoletos.

           Otra consecuencia de la innovación es la concentración. A través de oligopolios o monopolios -privados y estatales- la concentración productiva y de capital resulta inevitable. Es uno de los corolarios de la creciente inversión en flamante tecnología que necesita sólidos apoyos financieros para hacerse efectiva. La pretérita época del visionario empresario individual del ayer, no es la de estos días, cuando detrás de los inventos subyacen fuertes montos de dinero que movilizan equipos multidisciplinarios y de mercadeo que apoyan y tornan viables a las innovaciones. Hoy es casi imposible actuar en soledad.

           Algunas de las desventajas sociales que en estos momentos presenta el proceso de innovación es que la introducción de alta tecnología tiende a reducir el porcentaje de trabajo en el producto terminado, disminuyendo sensiblemente la posibilidad de absorción de mano de obra.

           En la antigua concepción de Schumpeter solamente el empresario dinámico tenía en sus manos las posibilidades de innovación. Ahora son las grandes corporaciones y los gobiernos, tanto o más importantes que la capacidad solitaria de un ejecutivo. Así están las cosas en este 2020.

           

           

           

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Publicado en Fecha: 12 de abril del 2020
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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