El eterno retorno del generalista

           Algunos lectores deben recordar que el pasado mes de marzo escribí una nota comentando cómo lo tomaron a menos en 1978 los estudiantes de Harvard al gran escritor ruso Alexandr Solzhenitsin -Premio Nobel de Literatura y en ese entonces exiliado del comunismo soviético- una vez concluyó de pronunciar una conferencia de vastos alcances. Los jóvenes tildaron su disertación de "anticuada". Acostumbrados por la presión profesional a especializarse rápidamente para ganar más dinero y ascender en sus respectivos campos de actividad, esos sin duda inteligentes jóvenes, no captaron bien el mensaje de un personaje brillante de mente amplia.

           Desde mucho antes y hasta nuestros días, la pugna entre generalistas y especialistas nunca se ha definido del todo con un "knock out" rotundo de uno a otro, pero es un hecho que en las últimas décadas los especialistas le han ganado de lejos a los generalistas, quienes entraron en un cono de sombra que se pensó sería definitivo. Pero no fue así. Ahora somos testigos del eterno retorno de los generalistas, al mejor estilo de la teoría al respecto del filosofo Federico Nietzsche. Tal como ha venido ocurriendo cíclicamente a lo largo de la historia, nuevamente aquellos con capacidad de interconectar calidades, cantidades y disciplinas varias, le están torciendo la mano a los archi especializados profesionales, muy capaces ciertamente, pero que piensan, caminan y actúan como caballos con anteojeras que solo miran lo que tienen por delante. No ven otra cosa que su propio camino y con ello pierden la visión grande, esa maravillosa posibilidad de interactuar y ejercer razonamientos múltiples.

           Según David Epstein, autor del libro "Range" (Alcance o Rango) últimamente de gran moda, los generalistas sobresalen en un mundo especializado; llevan la batuta en esta era de la quinta generación de comunicaciones móviles (5G), inteligencia artificial, auge cibernético y tecnología híper dinámica. Epstein se refiere a la necesidad de tener un "hombre del renacimiento", un ser que pueda verlo todo e imaginar múltiples cosas sin ceñirse a una sola idea fija. Por otro lado, la verdad es que ambas perspectivas -la general y la especial- deben fusionarse y complementarse; de hecho así sucede.

           Desde mi modesta perspectiva y sin desdeñar la enorme importancia que siempre tendrá el especialista, saludo este eterno retorno del pensador en grande, el regreso de la figura metafórica del águila que mira desde el cielo y escrudiña los horizontes. Donde quiera que Solzhenitsin se encuentre debe sonreír al observar el "corsiricorsi" cíclico que nuevamente le otorga prioridad a quienes tienen pensamientos continentales, única manera -al fin y al cabo- de comprender la realidad totalizadora del agitado mundo en que hoy vivimos.

           

           

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Publicado en Fecha: 04 de agosto del 2019
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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