El embuste del “empate” cuando Bolivia dijo no

           Con nada menos que 22 millones de inscriptos aptos para sufragar y 19 millones de votantes efectivos, he aquí que la diferencia final en la segunda vuelta de la última elección presidencial peruana entre los dos contendores fue de apenas 41.000 votos. Considerando su holgada victoria en la primera vuelta, la cifra en contra significó un duro golpe para Keiko Fujimori y perdió el acce-so a la presidencia de la República del Perú. Esa exigua cifra de votos adversos frente al rival que finalmente asumió el mando (Pedro Pablo Kuczynski) jamás fue discutida por la Fujimori. Tras un natural momento de frustración, ella misma reconoció la derrota y saludó con gallardía a su victorioso contendor.

           A todo esto que sucedió en el país vecino y es de público conocimiento, se opone ahora en nuestro país la arbitraria e incomprensible posición del ofi-cialismo. Se insiste en no reconocer el referendo del 21 de febrero de 2016 y hasta se tiene el descaro de hablar de “empate técnico” o “referendo de la men-tira”. Bien sabe el pueblo boliviano de dónde provienen las mentiras… Con un margen adverso de 137.500 votos en contra sobre una participación electoral aproximadamente equivalente a un tercio de la peruana, estamos hablando en términos comparativos de una diferencia enorme. No hubo ningún empate téc-nico ni nada por el estilo. Se perdió, punto. Y no hay peor cosa que ser mal perdedor…

           En una presentación ante medios nacionales e internacionales durante el conteo de los votos del referéndum, Álvaro García Linera expresó en 2016 que “los referendos se ganan aunque sea con un solo voto de diferencia y ese único voto hay que respetarlo”… “Así es la democracia, debemos respetar los resulta-dos”… “Reitero: un voto hace la diferencia y hay que respetarlo porque es la representación democrática de la mayoría”… “Tienen que respetarse los resul-tados, sean lo que sean; eso es democracia y eso hay que practicar”.

           En la entrevista concedida al diario El Deber del pasado 5 de agosto 2018, AGL -en un giro de 180 grados- arguye que habrá una nueva postula-ción de Evo Morales y de su persona sobre la base de “motivos legales, consti-tucionales y políticos”… Afirmó que “El Tribunal Constitucional ha habilita-do un derecho y por temas políticos, en el 21 de febrero de 2016 lo que hubo fue un empate”. Agregó: “Una mitad de Bolivia, un 51%, votó por el No, influida por mentiras y un conjunto de falsedades, y otra mitad de Bolivia votó por el Sí. Ahora se trata de desempatar. Ya no es un empate catastrófico porque no hay dos proyectos de Estado y de país. A un empate electoral, un desempate políti-co”... ¿Dónde quedó lo de respetar la democracia y respetar resultados? AGL sigue arguyendo que se trata de imponer “mentiras” y usar la “mentira” ¿Quién miente más? Si la leyenda de Pinocho fuera realidad no me imagino el tamaño de nariz que tendría hoy la cúpula gobernante…

           El artículo 7º de la Constitución Política del Estado afirma: “La sobera-nía reside en el pueblo boliviano, se ejerce de forma directa y delegada. De ella emanan, por delegación, las funciones y atribuciones de los órganos del poder público; es inalienable e imprescriptible”. No existe régimen democrático en el mundo -que pueda llamarse tal- si no respeta la voluntad de la mayoría mani-festada libremente. Esa es la esencia misma de la democracia. Y si el pueblo dijo NO, ningún tipo de piruetas ni apelaciones ante cortes complacientes tie-nen más valor que el voto ciudadano, mucho menos el invocar en forma espu-ria el artículo 23º del Pacto de San José de Costa Rica sobre el “Derecho Hu-mano” a ser reelegido, algo que aplica en las Américas para el ciudadano co-mún, no para los gobernantes, quienes al respecto deben obedecer las propias leyes internas en cada uno de sus países. No en vano el Secretario General de la OEA bautizó el artilugio empleado por el sumiso Tribunal Constitucional Plurinacional como “aberración jurídica”. El voto popular está por encima de todo; si se quiere torcer esa inalienable y vinculante voluntad, entonces no hay democracia. Bolivia dijo NO el 21 de febrero de 2016 en un referendo libre-mente consentido y convocado nada menos que por el propio gobierno que hoy nos rige. Esa mayoritaria voluntad es lo único que vale.

           El Tribunal Supremo Electoral (TSE) ahora tiene la última palabra. Hay un camino claro y transparente por delante, debe expedirse ¡Ya! No tiene dón-de perderse. Confiemos en que los miembros del TSE tengan el coraje y patrio-tismo necesarios para refutar -con la ley en la mano, ante Bolivia y el mundo- las ambiciones de perpetuidad de un poder avasallador que pretende burlarse de la expresión soberana y en mayoría que fue expresada por el pueblo boli-viano en las urnas.

           

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Publicado en Fecha: 19 de agosto del 2018
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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