Infinita energía solar que Bolivia apenas usa

Desde el año 2020, las casas nuevas en California deberán contar con paneles solares en sus tejados. Esa decisión impulsará el uso de una energía limpia y renovable. La medida fue aprobada por la Comisión estatal de Energía (http://www.energy.ca.gov/) y comprenderá todas las casas unifamiliares o de varias unidades con menos de tres pisos. No afectará edificios más altos -donde no hay sitio para la instalación solar necesaria- ni obras de remodela-ción. Acotemos que ya el 20% de la construcción californiana tiene paneles so-lares.

Si de California bajamos al altiplano boliviano, en particular a sus cuatro ur-bes más grandes (El Alto, La Paz, Oruro y Potosí) y más allá de las diferen-cias en nivel de vida con ese pujante estado de EE.UU. -que por sí solo es la quinta economía mundial- valdría la pena intentar algo similar, contando sí con algún tipo de subsidio o estímulo gubernamental. Las autoridades municipales de las cuatro ciudades tal vez podrían crear un “pool” de recursos sobre la base de adaptaciones del sistema californiano al ámbito local. Por su lado, el propio Gobierno Nacional debería interesarse también en el tema y fomentar empren-dimientos de este tipo, en lugar de seguir erogando cuantiosos fondos en la creación de empresas públicas deficitarias e innecesarias.

Vivimos tiempos universales de ahorro energético y de cuidado ambiental. Nuestro altiplano tiene un reservorio prácticamente inagotable de energía solar que apenas se lo aprovecha. Una medida como la mencionada podría ser un positivo paso hacia una mayor utilización de la energía eterna (y ahora barata) del sol.

Según datos confiables (www.fundacionsolon.org) para el año 2016 Bolivia contaba con 2.1162 MW de potencia energética efectiva. De ese total 72,21% correspondió a termoeléctricas, 22,36% hidroeléctricas y apenas el 5,43% fue fruto de energías alternativas. En este último rubro, la energía eólica (vientos) representó 1,25%, la biomasa 3,95% y la energía solar apenas el 0,24%. Como se puede ver, la energía más duradera y directa -que es la solar- está comple-tamente subutilizada. En general, lo mismo sucede con los otros rubros de energías alternativas, aunque la biomasa asumió importancia en los últimos años y por eso ocupa el primer lugar entre el uso local de energías renovables. Recordemos que por biomasa se entiende aquella materia orgánica producida por plantas y animales, es decir, madera y hojas de arboles, cáscaras de frutos secos, grasa natural y excrementos, restos de podas diversas, desechos de la agricultura, como entre otros el bagazo, etcétera. Todos esos insumos son la materia prima de los biocombustibles.

El bajísimo porcentaje utilizado de energía solar en nuestro país podría haberse incrementado últimamente por la inauguración de algunas plantas en Cobija, en las zonas rurales de Oruro, en Potosí -cerca del Salar de Uyuni- y una que otra planta en marcha, pero aún así no puede haber aumentado mucho. El ca-lor del sol sigue siendo de lejos el menos utilizado por nuestro país entre los insumos capaces de proveer energía. Se habla de nuevos proyectos, pero aún concretándolos, el uso en Bolivia de la energía solar seguirá muy bajo. Hace falta un cambio cualitativo en gran escala que deberá ser impulsado por deci-siones políticas de alto nivel.

Según los últimos datos de un informe preparado por las Naciones Unidas y empresas u órganos asociados (http://fs-unep-centre.org/publications/global-trends-renewable-energy-investment-report-2018), la energía solar dominó la inversión mundial -como nunca antes- en el pasado año 2017 y se espera un mayor auge inversor una vez se contabilice el total de 2018. El mundo instaló 98 gigavatios de nueva capacidad solar, mucho más que las adiciones netas de cualquier otra tecnología de energía renovable, fósil o nuclear. La inversión al-canzó casi 161 mil millones de dólares, 18% por encima de cualquier otra tec-nología. El informe agrega que en total se invirtieron U$S 280 mil millones en energías renovables, sin incluir grandes hidroeléctricas. Gracias a las nuevas innovaciones tecnológicas -que han reducido drásticamente el costo de la tecno-logía solar- ahora nos encontramos en medio de un sector energético que cam-bia rápidamente y cada vez es más barato. Inclusive el valor “cero” de las tie-rras desérticas del planeta ya no será tal, pues desiertos tipo el Sahara son ahora valiosas fuentes de energía solar.

He aquí una energía absolutamente limpia y todavía poco aprovechada. Empe-ro, ni siquiera este reciente e imparable auge de la energía solar provoca mayo-res proyectos locales y así Bolivia sigue hasta ahora sin aprovechar al máximo la bendita oportunidad de disponer de la energía eterna del astro rey. En las próximas tres décadas, para el final de 2050, el informe citado estima que la producción de electricidad derivada de la quema de combustibles fósiles dismi-nuirá a un 29% frente al 63% actual. Notable en verdad.

Se viven momentos altamente dinámicos en materia de energía solar. Bolivia debe ingresar pronto en el grupo de naciones que han venido impulsando con vigor esta revolución energética, como es el caso de Israel, país que además -por su experiencia en la materia- nos ha ofrecido en múltiples ocasiones asis-tencia técnica y cooperación sin lograr mayor eco local… El planeta avanza hacia el fin del ciclo de la energía basado en fósiles. Será nuestra única posibi-lidad de impedir el avance del cambio climático que ya está alterando dramáti-camente la ecología y la propia vida humana.

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Publicado en Fecha: 15 de julio del 2018
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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