Nación e individuo: siempre hacia adelante

           Winston Churchill decía que "cuando una nación enfrenta su presente con el pasado, pierde el futuro". El aforismo vale inclusive a nivel individual. ¡Cuántas personas se enredan estérilmente entre lo malo o bueno del pasado y lo malo o bueno del presente! Así obnubilan su capacidad prospectiva. Lo mismo sucede colectivamente con los países, cuando entre lo de hoy y lo de ayer sus líderes olvidan el mañana y las tareas pendientes para que un deseado porvenir sea realidad. En Bolivia muchos viven en función de lo comentado y con un resultado negativo: falta de visión para imaginar los días que vendrán. Algo similar ocurre en varios órdenes de la vida nacional; nos ahogamos entre lo que hay y lo que ya pasó.

           Por ejemplo, la cantidad de idiomas y dialectos en la India es inmensa, pero inteligentemente la clase dirigente optó por el inglés como lengua común y me-dio de acceso internacional. No hubieron cuestiones “originarias” ni diatribas contra el idioma “colonial”. Primó el sentido común; hablar una lengua univer-sal no achica la identidad de nadie y une a todos. Para construir una nación se precisa un espíritu colectivo único por encima de las diferencias. Y también se precisa visión de futuro, algo que está faltando por el lado de la dirigencia local.

           Algunas veces sí es imperativo examinar el pasado para planificar el fu-turo y no repetir errores, pero no hay que quedarse ahí. Debe hacerse un ba-lance de lo que fue pero sin derrochar energías mirando hacia lo que ya no se puede cambiar o nunca volverá. En nuestro país por lo general se vive negati-vamente el pasado (sobre todo en el campo político) y con la misma negativi-dad se vive el presente. No es extraño entonces que se pierda el futuro y peor si se lo visualiza por extremos: a) algo mágico que vendrá por sí; b) un desas-tre cantado de antemano. No suceden así las cosas. El futuro es resultado del esfuerzo del presente, no se lo alcanza mediante ensoñaciones o pesadillas. Urge abandonar la dicotomía pasado/presente para auscultar con optimismo las condiciones del mañana. Simples ciudadanos y gobernantes debemos mirar hacia adelante. El filósofo alemán Federico Nietzsche solía decir: "quien mira hacia atrás termina como el cangrejo, caminando hacia atrás". Más claro agua…

           Sin desdeñar experiencias pretéritas miremos más hacia el futuro, un li-bro en blanco esperando ser escrito por nosotros mismos. Caso contrario, el país continuará en plano inclinado mientras otras naciones progresan y hasta podríamos precipitarnos -figurativamente- al "foso de las tarántulas" de las naciones pauperizadas e inviables. Avizorar el porvenir y actuar en función de ello es clave para progresar a nivel personal y para que los liderazgos conduz-can adecuadamente.

           

           

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Publicado en Fecha: 18 de agosto del 2018
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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