Urge cambiar la planificación urbana

No soy especialista en planificación urbana pero tengo sentido común para ver la realidad, que -como decía Aristóteles- es “la única realidad”. Lo ideal ahí queda, lo real es lo real. El Plan Techint fue de enorme utilidad. En una Santa Cruz de la Sierra que crecía desordenadamente impuso racionalidad. Hoy, el vertiginoso crecimiento urbano sobrepasó a ese plan regulador, previsto para una población de 600.000 habitantes.

Al contar la capital cruceña con cerca de dos millones de seres, nada de lo anterior sirve. Ahora surgen replanteos urgentes y realistas. De lo contrario, la urbe corre el riesgo de ir desde su “triángulo de oro” hacia un triángulo del caos, acompañando a las desventuradas Calcuta y Dacca. Lo dije antes y repito: no hay que cegarse ni ilusionarse. La realidad tendrá que guiar los actos de quienes tienen en sus manos el futuro de nuestra ciudad. Reiteraré algo escrito en 2016 y no me referiré esta vez a la basura, al descuido en materia de control de desperdicios o traslado de puntos de asfixia tipo La Ramada, Abasto, Los Pozos, etc.

Para comenzar, el primer anillo debería pavimentarse, llevando las losetas hacia barrios alejados; el centro está cada vez más feo y pueblerino. Por otro lado, como los planes reguladores previos no corren más, anillos y antipáticas rotondas tienen que eliminarse. ¡¡Ni anillos ni rotondas!! Esa es la consigna para los años que vendrán. En adelante se trazarán líneas rectas, horizontales y diagonales en todos los tramos urbanos y suburbanos para descongestionar a la ciudad, permitir su libre expansión y tener una rápida circulación. Habrá que dejar los anillos hasta donde están (no hay más remedio) pero desde ahora revertir el proceso y recomenzar de la otra forma. Con un inmenso espacio plano y la limitante del Piraí, es mejor lo propuesto que tener anillos inconclusos (y estranguladores) que limitan la expansión citadina en los cuatro puntos cardinales de la llanura del Grigotá. Asimismo, ya es hora de acabar con conflictivas rotondas -que obstruyen y traban- e iniciar un nuevo tipo de circulación expeditiva dentro del radio urbano. No dejar ni una rotonda se precisa con urgencia, aquí y ahora. Las estatuas -comenzando con el Cristo Redentor- podrían ubicarse en un “Parque de los monumentos”. Se trata de imágenes, no hay por qué adorarlas ni sacralizar sus lugares de ubicación. Aún se puede cambiar, más tarde será imposible.

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Publicado en Fecha: 29 de octubre del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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