El mundo está cada vez más complicado. Hay incertidumbre acerca del futuro de una globalización que parece haberse pinchado desde el “Brexit” británico, sumando luego la inesperada victoria de Donald Trump. La Unión Europea languidece sin que nadie tome decisiones trascendentales. Rusia pretende salir de su ocaso y usa la fuerza para demostrar su voluntad de poder. Por otro lado, el gordito loco de Corea del Norte sigue dando dolores de cabeza mientras China asoma como nueva súper potencia y genera problemas geopolíticos en el mar meridional chino. Agreguemos -entre otros muchos factores- el bajón económico generalizado de varios países emergentes, recurrentes amenazas terroristas y un creciente sisma musulmán-cristiano.

El Estado Islámico ha instalado su reinado de terror, Siria está destruida, los kurdos quieren tener un país propio y Turquía se ha radicalizado. Sudán del Sur -estado creado en 2011 con beneplácito de las Naciones Unidas- está en guerra civil y sufre una crisis alimentaria que hace peligrar la vida de miles de seres. El grupo Boko Haram hace de las suyas en Nigeria, las pugnas en el Congo prosiguen sin cesar junto con las que ocurren en otras partes de África, continente atormentado por múltiples factores. En Ucrania se mantiene la incertidumbre. Una parte de esa nación quiere reintegrarse con Moscú mientras la otra parte pretende hacerlo con Europa. En la propia Bruselas -capital belga y sede de la UE- cada tanto se habla del separatismo entre flamencos y valones. Cataluña impulsa su independencia de España y los vascos no se quedan atrás. Así sucesivamente, diversas partes del planeta entran en conflictos diversos, algunos solucionables, otros son añejos o muy recientes y no tienen aún respuestas satisfactorias.

En Washington el presidente Trump es hasta el momento una incógnita. Entre México y EE.UU. se siguen levantando murallas. En el sur los mexicanos tienen su propio muro para impedir el ingreso de centroamericanos. El Medio Oriente continúa su perenne pleito. Hasta ahora no hay paz permanente entre Israel y árabes. Venezuela sigue en crisis. Existen problemas por doquier; enumerarlos todos excede nuestro espacio asignado. Persiste además el alerta ante potenciales hambrunas y por el drama de los refugiados, cuyos desplazamientos son tan tristes hoy como los de fines de la Segunda Guerra Mundial. Recordemos del pasado la tragedia del Holocausto judío, los genocidios armenios, kurdos y bengalíes. Hoy nuevas amenazas se ciernen. El mundo sigue hecho un “cambalache”, al decir del tango inmortal. No percibo soluciones en el corto plazo.

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Publicado en Fecha: 26 de marzo del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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