Darwinismo al revés

Allá lejos y hace tiempo (2002) publiqué un artículo acerca del tema del titular. En función de los limitativos 2.500 caracteres para columnas de la página editorial, les presento hoy un resumen “aggiornado”. Vale el recordar algo de esa añeja nota.

Charles Darwin nos ilustró acerca de la evolución de las especies a partir de la sobrevivencia de los más aptos. Su teoría pasó a ser paradigma del pensamiento y se extendió más allá del campo de las ciencias naturales. A partir de los estudios del gran pensador inglés se elaboró todo un cuerpo de ideas, llegando incluso a popularizarse el darwinismo social, con el presunto triunfo de los “más aptos” y el alejamiento de los “menos aptos”.

Este malsano darwinismo nos conduce hacia una sociedad basada en una axiología distorsionada y desprovista de ética, donde el valor de la persona no se mide por elementos intrínsecos sino por la cantidad de dinero y por cargos políticos o logros materiales, aunque hayan sido alcanzados bajo formas dudosas. De esa manera cuantitativa (no cualitativa) el darwinismo al revés revela falazmente “aptos” e “ineptos”, que en la realidad son a la inversa.

En el darwinismo al revés un inepto real con buenas condiciones materiales o políticas aventajará al más apto en términos de calidad pero menos afortunado en lo material y que quizá no incursionó en el campo político debido a su espíritu sensible. En la acción política (y a veces en las actividades económicas) se necesita ser duro, implacable, en algunas oportunidades hasta “cara dura” o “cuerudo”. No todos toleran esas modalidades.

Si se quisiera evitar al darwinismo perverso, habría que retomar la senda real de la teoría de Darwin para los humanos: la excelencia y los talentos deberían estar por encima del oportunismo y de los que tienen más. Ah! Tal cosa está lejos aún y así lo expresó Federico Nietzsche en dos aforismos: a) “Para toda especie de daño, el alma inferior está mejor constituida que el alma noble” y b) “Si a un león le cortan la pata no sobrevivirá y mientras, una lagartija sin cola no tiene problemas; el alma fuerte es más frágil que la de aquellos de baja moral”. Por tanto, en política y en economía el darwinismo al revés -la sobrevivencia de los menos capaces sobre los más capaces pero aparentemente “débiles” al carecer de medios o ser sensibles frente al escarnio- sigue rampante en todas las sociedades contemporáneas.

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Publicado en Fecha: 25 de junio del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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