El triunfo psicológico de la “repostulación”

Nos hemos cansado de repetir que “repostulaciòn” no existe en el diccionario de la Real Academia Española. El falaz término fue hábilmente planteado por el vicepresidente Álvaro García Linera a fin de no pronunciar la palabra correcta: reelección por cuarta vez, o re-re-re-reelección. Y lo hizo poco después de la derrota en el referendo (propuesto por el oficialismo) del 21 de febrero de 2016. Así aminoraba efectos y preparaba el terreno de un nuevo (ilegítimo) intento.

En el conjunto informativo calificado de imparcial y en el grupo opositor, la inédita palabreja no provocó rechazo y fue aceptada rápidamente. El mismo día que escribí en El Deber sobre el tema (22 de enero 2017) su editorial repitió varias veces lo de “repostulación” como si fuera normal, sin comillas ni itálicas, norma obligatoria para transcripción de extranjerismos o términos extraños. En radios, TV y otros medios sucede a diario lo mismo. Además, muy pocas personas recalcaron el mal uso de “repostulación”, entre ellas mi buena amiga y pariente Susana Seleme. De parte del Gobierno, hubo obvia alegría ante tan positiva captación. Figuras opositoras respetables –prefiero no nombrarlas- continuamente mencionan en artículos o entrevistas lo de “repostulación” y la escriben sin itálicas ni comillas, aceptándola tácitamente. Lo propio ocurre con muchos más que repiten o escriben “repostulación” sin ambages ¡Asombroso!

En la guerra psicológica el uso de la propaganda contra un oponente sirve para desmoralizarlo o para ganarse un punto de vista diferente. Viene de tiempos antiguos, ya Gengis Khan esparcía rumores antes de sitiar una ciudad. También se dice que si alguien le da la información correcta durante siete años, usted creerá su información incorrecta en el primer día del octavo año, justo cuando su rival necesite convencerlo de “x” cosa o tal vez quiera precipitarlo hacia una “metida de pata”. Por otro lado, la primer tarea del gestor de un engaño encubierto radica en construir “autenticidad”; debe persuadir para que se le tenga confianza a su artimaña y ella sea aceptada como real, sobre todo por grupos antagónicos. Y ciertamente da resultado. No en vano se ha comprobado que conviene más captar con argucias la mente del contrario que atacarlo directamente y si encima se triunfa sin violencia, mucho mejor. La exitosa imposición mediática de la quimérica “repostulación” por parte del oficialismo le otorga hasta el momento ventajas en la guerra psicológica. La oposición se aplazó; no mantuvo instancias propias y asumió las del contrario, le dio al MAS justo lo que quería. El revés tal vez sirva de lección, el tiempo lo dirá.

----------0000----------

 


Publicado en Fecha: 19 de febrero del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira