230 años de la Constitución de EE.UU.

La Constitución de los Estados Unidos de América -documento clave de la historia política de Occidente- fue aprobada hace 230 años, el 17 de septiembre de 1787. Ratificada en 1788, se hizo efectiva en 1789. Como es sabido, las 13 colonias originales decidieron ser libres el 4 de julio de 1776 y se inició la lucha contra el Imperio Británico. En 1783 (Tratado de París) la independencia quedó reconocida por la corona inglesa. Había que darle un cuerpo legal al flamante país, basado hasta ese momento en los “Artículos de la Confederación y la Unión Perpetua”. Se convocó una Constituyente y 55 delegados se reunieron desde el 25 de mayo de 1787 en Filadelfia; el 17 de septiembre se aprobó la nueva carta magna. Ratificarla y ponerla en vigencia demoró algo, pero ese 17 de septiembre de 1787 quedó recordado como aniversario de su creación.

La Constitución republicana más antigua del mundo ha sido copiada y/o adaptada en América y otras latitudes. Ese valioso texto, con 27 enmiendas introducidas para adecuarlo a sucesivas épocas y cambios, mantiene con plenitud su actualidad. La Carta de Derechos (“Bill of Rights”) es el nombre común de las primeras 10 enmiendas -15 de diciembre de 1791- que pasaron a ser parte de la Constitución.

Ni cabe ni hay espacio aquí para comentar la Constitución federal estadounidense; sólo quise recordar el instante aquél cuando los delegados firmaron ese histórico instrumento, cuyo preámbulo dice: "Nosotros, el pueblo de los Estados Unidos, a fin de formar una unión más perfecta, establecer la justicia, asegurar la tranquilidad interna, proporcionar los medios de defensa común, promover el bienestar general y asegurar para nosotros mismos y para nuestros descendientes los beneficios de la libertad, establecemos y sancionamos esta Constitución para los Estados Unidos de América". Sobre esa base EE.UU. se transformó en la nación más poderosa del globo. Sus padres fundadores conciliaron sabiamente, con visión de futuro, unidad y diversidad. La Constitución soportó inclusive una cruenta guerra interna (1861-1865) que impidió la secesión de los estados sureños pro esclavistas. El documento de 1787 consolidó la institucionalidad; su sistema de control y equilibrio de poderes -sumado con la alternancia- aseguró la persistencia del gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, como expresó Abraham Lincoln años después en el inmortal discurso de Gettysburg del 19 de noviembre de 1863.

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Publicado en Fecha: 17 de aseptiembre del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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