Repercusiones del fallo del TCP

Muchos han rechazado el fallo del Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP). Este ente, protector de la Carta Magna, ha terminado desconociéndola al poner por encima al Pacto de San José de Costa Rica, para así favorecer ambiciones reeleccionistas, pese al voto adverso de 2016. En aras del “Jefazo”, olvidaron que el Pacto protege los derechos del ciudadano común, no así el de los gobernantes, que no tienen el derecho de eternizarse en el poder. El tal fallo no tiene pies ni cabeza. No en vano hubieron reacciones ante la actitud del TCP, violatoria además de la Constitución Política del Estado (CPE) y normas complementarias. No importa qué tipo de pirotecnia demagógica se use para justificar lo hecho, la falacia está a la vista. El pueblo no es zonzo y la comunidad internacional tampoco.

La ambición de Evo Morales lo hizo maniobrar de distintas maneras en procura de eternizarse como candidato, pese a que el pueblo boliviano se pronunció contra una nueva reelección. Pero a esta administración no le importa la opinión popular, sólo le interesa el afán de prorrogarse. La democracia latinoamericana ha quedado herida y el rechazo ya se hace sentir. Varios comentarios han aflorado en el hemisferio; con seguridad seguirán otros. Al final, sólo se pide respetar el voto mayoritario que dijo NO a la cuarta reelección de Evo Morales. Eso no es pecado ni sedición.

Ningún Juez ni Tribunal puede anular el dictamen del único soberano: el pueblo boliviano. El artículo 23 del Pacto de Costa Rica no contempla el derecho de perpetuarse. EE.UU. solicitó respeto a la voluntad popular y aquí no hay “imperialismo”; se pide obedecer al mandato mayoritario, contra eso no hay pirueta verbal que valga. Ignorar el referéndum de 2016 y afirmar que por “derecho humano” es posible reelegirse indefinidamente, desprecia la inteligencia de las personas.

Los pronunciamientos externos seguirán, nadie quiere rupturas democráticas en América Latina. Por otro lado, en Bolivia no hay riesgos geopolíticos inminentes ni el monopolio de algún tipo de riqueza que el mundo necesite imperiosamente; no habrá intervención externa tipo Kuwait o Irak. Los bolivianos debemos ser capaces -en paz y con la ley en la mano- de volver a la normalidad. Antes de llegar al Réquiem por la democracia, cabe ahora una resistencia pacífica e institucional para lograr invalidar el fallo del TCP. La solución está aquí, no vendrá de afuera.

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Publicado en Fecha: 05 de diciembre del 2017
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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