Sanciones, obediencia y orden social

JVale reiterar conceptos que en su época comenté como Dominicus (2002-2012). Nos quejamos -con razón- del desorden y de la inseguridad en Santa Cruz de la Sierra. Cada día observamos mayor cantidad de vandalismos, accidentes, gente tirando basura en las calles, borrachos al volante, diversas dosis de criminalidad, etc. Apelamos a la “conciencia ciudadana” y a otros factores morales para disuadir y no pasa nada ¿Saben por qué? Por que falta un elemento fundamental de la Ciencia Política, nada menos que su ecuación básica, sin la cual ninguna sociedad es viable para la vida en común. Dicha ecuación básica es una función de la relación entre castigos (o posibilidad concreta de dichos castigos) y obediencia. A mayor probabilidad de sanciones, la gente tenderá a obedecer por temor a ellas. A menor probabilidad de ser penalizada, la gente hará lo que le venga en gana. Así de simple y en cualquier lugar del globo. Con el tiempo la relación entre castigos y obediencia puede transformarse en obediencia voluntaria siempre que la gente internalice ciertas pautas de conducta colectiva y las “legitime”, pero en todo momento debe estar presente la amenaza concreta de sanciones por parte de los que mandan en determinada comunidad. No existe otra manera de sostener el orden.

Y aquí es donde las autoridades locales o nacionales han fallado y siguen fallando aunque tengan las mejores intenciones. Si imponen sanciones, al poco tiempo se las deja de lado; no hay constancia en la aplicación de la fuerza legal como control de deterioros sociales. Si se precisa mayor cantidad de policías para imponer el orden, quien tiene que proporcionarlos no los otorga o no permite la creación de un cuerpo propio en la región. Así, se van sumando los factores del caos. Con tan errático proceder se reduce en forma enorme la posibilidad de generar obediencia constante, como también la posibilidad de vivir con respeto mutuo y mayor seguridad.

Reitero: podrán organizarse campañas o dictarse penalidades de múltiple naturaleza pero sin la presencia potencial, permanente y concreta (cuando corresponde) de la fuerza de la autoridad -policías en las calles más amenaza de cárcel, multas u otras sanciones diversas- lo que se intente fracasará. Un requisito del orden social es el equilibrio entre aplicación de castigos y generación de obediencias. Ha sido así y será siempre así en los grupos humanos, desde tribus primitivas hasta estados contemporáneos. Quien no entienda o no aplique este principio básico del orden, jamás podrá mandar con eficacia en “x” colectividad y tampoco podrá formular ni ejecutar acciones de naturaleza perdurable.

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Publicado en Fecha: 31 de enero del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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