¡Basta de tanto ruido nocturno!

En la capital oriental hay delitos múltiples, no siempre es fácil descubrirlos e investigarlos, pero a la larga algo se hace, tarde o temprano surgen los culpables, tarde o temprano la justicia se pronuncia. Por otro lado, muchas infracciones visibles, fáciles de comprobar e inmediatamente identificables, permanecen sin castigo alguno. Y no me refiero sólo a las fallas en materia de regulaciones de tránsito vehicular, donde no hay controles ni castigos hasta el punto de generar indignación. Los malos que infringen las normas ganan; el bueno, el que cumple la ley, pierde. Dicen que al fin instalarán cámaras en semáforos e intersecciones, a ver si lo hacen antes de que concluya este Siglo XXI…

En otro campo de la caótica vida que tenemos en esta desordenada Santa Cruz de la Sierra, está el exceso de ruidos nocturnos no penalizados. Existe una falta de respeto al prójimo inmediatamente detectable; se conoce la ubicación de los lugares infractores y sin embargo, muy rara vez hay sanción. Y no menciono antros habituales tipo “licorerías”, “rockolas” o “karaokes”. Pululan por doquier otros locales abiertos que organizan y anuncian “eventos”. Esos son -de lejos- los peores. Al estar al aire libre sus estridencias se expanden cuadras a la redonda, perturbando el sueño de miles de personas. Casi nunca hay penalidades o clausuras, aunque abunden cartas de lectores, relatando cada uno su propia ordalía. Pareciera ser que esos generadores de ruidos tienen “arreglos” con algún funcionario edil, caso contrario no se explica tanta permisividad. Sin ir muy lejos cito al “Monte Verde” de Radial 17 ½ y Quinto Anillo. Sus bullicios son tremendos ¿Quién autoriza o permite tales abusos?

Todo local que ocupa espacios abiertos o no tiene sistemas de insonorización, debería cesar sus ruidos como máximo a las 23 horas y no seguir hasta las cinco o seis de la mañana con sus frenéticos sonidos. Para colmo, deben aguantarse los griteríos de turno del dizque “animador”, que dotado de poderosos parlantes flagela aún más los atormentados oídos de muchos seres sin miramiento alguno. Total, sabe que jamás será castigado. Al infernal alboroto acústico agreguemos los excesos pirotécnicos. De buenas a primeras se escuchan -casi siempre a medianoche o más tarde- fuertes estallidos de petardos, seguramente celebrando el cumpleaños de alguien a quien le importa un bledo molestar a sus vecinos. Nadie con autoridad actúa ni dice “mu”.

Algo de mundo he recorrido y aseguro que no he visto ciudad más ruidosa que esta. Para colmo, hay impunidad para quienes perturban el descanso de la gente por falta de controles y multas, agregando una alarmante ausencia de solidaridad social.

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Publicado en Fecha: 30 de octubre del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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