Matanza y tráfico de fauna silvestre

En materia ambiental y de fauna, la Bolivia de hoy se parece mucho al dicho “no hagas como el cura Gatica que predica y no practica”… La clase dirigente se llena la boca con palabreríos en torno a la Pachamama, pausa ecológica, defensa del medio ambiente, cuidar flora, fauna y ecosistemas, etcétera. La verdad: poco o nada de eso ocurre. Anuales “chaqueos” en el oriente provocan daños irreversibles y nadie dice ni “mu”; El Lago Popó se secó y pasó como si tal cosa; el majestuoso Titicaca está contaminado y muere lánguidamente; de vez en cuando se habla de planes para protegerlo pero en el fondo tampoco pasa nada. Los cultivos de coca se extienden hacia zonas agrícolas y destruyen suelos fértiles. No importa, la coca viene primero, esa parece ser la norma del momento.

Marchamos de desastre en desastre mientras sigue la retórica. Animales “protegidos” son cazados con impunidad. El armadillo gigante (Tatú carreta) está extinguiéndose por su indiscriminada matanza. Lo mismo sucede con diversas categorías de peces, reptiles, simios, felinos, pájaros, camélidos y así sucesivamente. Hasta en calles y mercados es común observar vendedores de cachorros de gato montés, parabas, tejones y otros indefensos seres librados a su desdichada suerte. Contrabando y exportación ilegal son cotidianos.

El Zoológico de Santa Cruz de la Sierra -durante la cooperación alemana- fue modelo para Sudamérica en materia de preservación de animales del trópico en cautiverio. Ahora languidece. La Alcaldía hace lo que humanamente puede pero eso no basta. Debe procurarse un nuevo esquema de cooperación internacional que ayude en la modernización del Zoo cruceño y además transformarlo o trasladarlo, a fin de que sea coherente con modernas pautas en la materia.

Pocos años atrás se ejecutó -mediante una ONG especializada del exterior- el rescate de leones maltratados que vivían miserablemente en estrechas jaulas de circos. Una buena política fue permitir que estos sufridos animales sean llevados fuera de Bolivia para recomenzar su vida y de paso, acá se prohibió la tenencia de especies salvajes en centros de entretenimiento. Aún así, seguimos casi a fojas cero en temas de protección y prevención. Si el Estado es incapaz de garantizarnos protección ciudadana en urbes abrumadas por la delincuencia, no creo sea capaz de proteger animales silvestres. Mientras este desastre se acentúa -y va en desmedro del equilibrio ecológico de vastas regiones- seguirá la inundación de verborrea. Total, hablar es barato. Controlar debidamente sí cuesta en lo material e implica esfuerzo en lo político ¡Pobre nuestra fauna salvaje!¡Y pobre de nosotros!

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Publicado en Fecha: 25 de septiembre del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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