El eterno retorno del “gran juego”

El geógrafo inglés John H. Mackinder (1861-1947) brindó una visión geopolítica integral a partir de dos posiciones globales: la del hombre de mar y la del hombre de tierra. La primera implica comando del mar o talasocracia; su ejemplo histórico fue Atenas, el máximo exponente mundial Inglaterra y ahora lo es Estados Unidos. Con sus 19 gigantescos portaaviones distribuidos en los siete mares -navegan acompañados de una fuerza de tareas con varios tipos de buques- EE.UU. domina los corredores oceánicos del comercio mundial o puede llegar a bloquearlos, si eso conviene a sus intereses.

La visión del hombre de tierra generó una organización basada en el poder terrestre al estilo de la Esparta griega. Mucho después vinieron Francia con Napoleón, Alemania -desde Bismarck hasta Hitler- y Rusia, la gran potencia telurocrática que aún domina el centro neurálgico de Eurasia. El futuro cercano puede llegar a proporcionarnos una telurocracia china, dado su extenso territorio interior. Además, el dragón asiático mantiene una fuerte influencia naval en las aguas del mar meridional chino, al que Beijing lo considera casi como un mar “interior” pese a las protestas de otras naciones, advertencias norteamericanas y hasta fallos internacionales adversos, como el último de La Haya ante Filipinas y que China declaró desconocerá “en absoluto”.

Poderes de mar y tierra se combinan hoy con poderes aéreos y espaciales, pero el conflicto geopolítico entre tierra y mar permanece invariable. La era del Zar Alejandro I es conocida como el principio del Great Game (“Gran Juego”), la rivalidad ruso-británica por la supremacía en Asia Central (1813-1907). Los ingleses intervinieron para evitar una hegemonía continental, tal como sucedió en el pasado cada vez que alguien en Europa rompía el equilibrio de poder. Rusia no alcanzó los mares cálidos que procuró afanosamente durante siglos, pero sí mantuvo bajo su égida lo que Mackinder llamó el heartland, corazón terrestre, también conocido como pivote geográfico de la historia. Ahora no se habla mucho del gran juego pero aún existen múltiples intereses creados en torno al dominio de Asia Central, de la zona del heartland. Alfred Mahan advirtió que el poder marítimo debía neutralizar cualquier peligro proveniente de Eurasia. Analistas occidentales sobre guerras del Siglo XXI insisten en la “necesidad” -para las talasocracias- de mantener cercado o indefenso al tenedor del heartland o, mejor, ganarlo para sí. Este razonamiento sobrevive hasta hoy debido a la ubicación clave del pivote, algo que ninguna tecnología o nuevo poder han podido aún disminuir o anular. La historia dará su veredicto final.

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Publicado en Fecha: 24 de julio del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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