Hacia una penosa cultura del desorden

Los expertos en ciencias sociales definen “cultura” como el modo de ser de un pueblo; esa cultura se estructura mediante pautas habituales de comportamiento entre sí de los habitantes de “x” comunidad, algo que en definitiva configura esa cosa “especial” que distingue a un pueblo de los demás pueblos. El término puede ampliarse abarcando agrupaciones enormes; también puede circunscribirse -como en nuestro caso- a comunidades singulares. Resulta válido entonces decir que hay una “cultura cruceña” y esto –aclaro- no en el sentido más estricto de culto, de cultivado, es sólo una manera de calificar formas más o menos generalizadas de comportamiento.

¡Ah! Pero gran parte de esta cultura cruceña no es nada buena. Muchos de los que lagrimean cuando dicen “amar a su ciudad” son luego los primeros en ensuciarla, en pintar paredes, estacionarse en jardineras, botar basura en cualquier parte y así sucesivamente. Vemos por doquier -en forma ostensible- desorden y suciedad, inseguridad, incumplimiento casi total de normas de tránsito e higiene en las calles, vehículos destartalados e incontrolados, horrorosa pobreza al lado de la abundancia. Esos y adicionales aspectos negativos nos muestran una Santa Cruz de la Sierra anárquica y atrasada que persiste en medio del modernismo de nuevas construcciones. Al caos efectivo debe agregarse la casi absoluta falta de autoridad, lo que desemboca en mayores cuotas de desobediencia y falta de respeto a la ley, agregando el “no me importismo”, aquello de “cada cual en lo suyo” o “yo limpio lo mío y el resto que reviente”, etc.

¡Sí! Santa Cruz es sin dudas el departamento motor de Bolivia y tiene un vigor ejemplar, aunque en paralelo con bastantes fallas; hay mucho por cambiar y mejorar, no se puede tapar el sol con un dedo. Pero para cambiar hacia lo mejor, primero debe tomarse conciencia de lo malo, es difícil cambiar de un día para el otro lo que casi todos consideran parte de un pseudo orden, que ciertamente no es tal sino lo opuesto. Sin cambio de mentalidad, el desorden seguirá imponiéndose hasta convertirse en “normal”.

Hay pasta de sobra tanto en cruceños como en residentes para cambiar maneras de ser y verazmente mejorar. Para ello debe haber alguien que ordene y marque con autoridad la senda del auténtico cambio cualitativo. No veo alguien así en la hora presente; tampoco se percibe mucha voluntad colectiva de la gente para impulsar modificaciones concretas, aunque teóricamente se propongan seminarios y ambiciosas fórmulas prospectivas. Mientras las cosas sigan como están, Santa Cruz continuará realimentando una penosa cultura del desorden.

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Publicado en Fecha: 20 de noviembre del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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