La ciudad y sus anacondas

La Anaconda es el ofidio más grande. Original del trópico sudamericano esta boa no es venenosa; con su cuerpo forma poderosos anillos que aprietan a la presa de turno hasta sofocarla y luego engullírsela. Cada tanto en Santa Cruz de la Sierra o alrededores se atrapan anacondas. Algunas veces las matan y en otras ocasiones más felices terminan en el zoológico. En nuestra capital oriental –metafóricamente hablando- tenemos varias anacondas que amenazan asfixiarla. Una de ellas es el pueblerino “enlosetado” del primer anillo. Hay que retirarlo para proceder con pavimento y cableado subterráneo.

Una segunda anaconda figurativa -no por eso menos estranguladora- está configurada por sitios que dificultan circulación de gente y vehículos. La Ramada, Barrio Lindo, Los Pozos, el Abasto, las Siete Calles, etc. (nombro los más conocidos) asfixian a la ciudad. Si agregamos mañaneros, nocheros, vendedores ambulantes, negocios que expanden sus vitrinas hasta la calle y el resto de gente que deambula ofreciendo algo, vemos que la amenaza de esta anaconda es muy grave. Debe ser eliminada sin matarla pero con forzado traslado inmediato a zonas distantes. Hace tiempo que se mencionan lugares ya habilitados para estos mercados obstructores, hasta el momento no se hace nada. Ha llegado la hora de la acción.

Percibo una tercer anaconda que hace estragos con la ciudad, sin mencionar que deben haber más boas escondidas por ahí y hasta potenciales vástagos, que sin duda comenzarían a crecer ante el menor descuido. El tercer constrictor es sin duda el conjunto de las rotondas y el afán de seguir adelante con el Plan Techint, funcional hace 40 años, no lo es más. Ahora la circulación debe ser proyectada a futuro mediante vías diagonales, horizontales y verticales, incluyendo vías elevadas -con peaje- capaces de unir extremos de la ciudad en pocos minutos. El mencionado tren urbano debería iniciar la nueva tendencia y no seguir lo anillar, de suyo limitado hasta por la geografía.

Nuestra capital oriental precisa urgente una reencarnación del barón Georges Haussmann, el arquitecto que en el Siglo XIX transformó París (era fea y sucia) en espléndida ciudad. Si el Haussmann local no surge, el Colegio de Arquitectos deberá ser quien vigile el planeamiento urbano, sin intereses creados ni egoísmos, pensando en lo mejor para la ciudad y su porvenir. No veo nada de “decorativo” ni de “clásico” en rotondas o anillos, tan sólo obstáculos tipo apretón de anaconda que deben eliminarse. En fin, los urbanistas coincidirán en la necesidad de proveer mejores posibilidades de circulación para el cambio cualitativo de Santa Cruz de la Sierra.

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Publicado en Fecha: 17 de julio del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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