Mucha basura, poca urbanidad y pocas multas

Santa Cruz de la Sierra ostenta un grave talón de Aquiles: la falta de educación de la gente en materia de limpieza y manejo de desperdicios. La mayoría incumple normas básicas de cuidado en la urbe que dice querer de boca hacia fuera. La basura es la verdadera reina de esta capital oriental de permanentes coronaciones, ella impera por doquier. Muchas veces –increíble pero cierto- se dejan desechos al lado de los basureros y no adentro de ellos; múltiples pintadas manchan las paredes del casco viejo; jardines, parques y árboles son destruidos por el mero placer enfermizo de arruinar algo; por doquier se roban o dañan los bancos de las plazas y las estatuas, desaparecen plaquetas conmemorativas, etc. No existe ningún respeto por el patrimonio cultural ni por el simple adorno de la urbe. En cada carnaval se repite el ritual de ensuciar calles como muestra de una insana e incomprensible “alegría”. EMACRUZ limpia y a la vez ensucia. Cuando pasan sus ruidosos camiones los manipuladores de desperdicios -por hacer las cosas a medias- dejan un tendal de basura desparramada en cada calle mientras meten las bolsas en el vehículo. Eso no puede continuar. Debe mejorarse con urgencia el método de recolección. Los impuestos del pueblo pagan este servicio y otros más. Tenemos derecho a exigir eficiencia, así como también nos cabe el deber de cuidar espacios comunes, algo que muy pocos hacen.

El salvajismo reina. Nuestra sufrida urbe es en la práctica un servido trofeo de guerra, un gratuito e indefenso coto de caza para quienes la afean diariamente mediante su patológico accionar, derivado éste de la falta de urbanidad y de la carencia de sanciones inmediatas contra los culpables. Casi nada hacen las autoridades para paliar tanto desastre. “Falta personal”, “no tenemos quien vigile” y así, suman las excusas. Acá, amigos lectores, se trata de crear mayor conciencia colectiva si queremos una ciudad sostenible en el tiempo. La única manera que conozco de crear esa conciencia -e imponerla- es mediante permanente educación urbana y con la aplicación drástica de la ecuación básica de la Ciencia Política. En lenguaje simple ella implica que a menor obediencia voluntaria mayor capacidad de sanción y si hay obediencia obviamente no habrá penalidad. Con ese manejo de la autoridad se equilibra toda comunidad que quiere funcionar bien y cumplir con la ley. Si no se educa con constancia en materia de urbanidad y no se aplican duras multas crecerá el descuido generalizado prevaleciente en la ciudad más importante y de mayor crecimiento del país. El resto es demagogia o auto engaño.

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Publicado en Fecha: 17 de abril del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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