De papiros y papel al libro digital

Antes del invento de la imprenta por Gutenberg los libros eran como joyas de enorme valor y se leían en grupos selectos. Ser analfabeto era común, lo extraño era saber leer y escribir. Todo cambió cuando del papiro se pasó al papel. Al principio hubo resistencias ante este nuevo tipo de “populismo” que quitaba su privilegio a una élite y le daba al pueblo acceso a la lectura. La rápida propagación de imprentas `produjo libros al alcance de cualquiera y coadyuvó con la llegada del Renacimiento que barrió al oscurantismo. En épocas medievales era considerado peligroso el “conocer” ciertas cosas de naturaleza religiosa o científica. El tiempo disipó temores y vino la gran ola democrática del libro. Ese fenómeno tuvo su auge el pasado Siglo XX, incluyendo a las artes gráficas impresas tales como diarios, revistas, boletines, etc.. Surgieron oligopolios editoriales y ferias del libro. Entre éstas sobresale la de Frankfurt en Alemania. En América Latina destaca la de Buenos Aires. En Bolivia las tenemos en las principales ciudades y en algunas provincias

Cuando era universitario ahorré para poder comprarme una enciclopedia “Collier” y la contemplaba con renovado orgullo cada día. Hoy ningún estudiante contemporáneo haría ese gasto inútil. Quienes más sufrieron el actual impacto de la era informática fueron enciclopedias y obras especializadas. Internet prácticamente las liquidó. No tiene sentido comprar material de consulta si con un simple “click” pregunto gratis en el buscador de mi preferencia.

Llegó el libro digital y está aquí para quedarse, pero sigue la controversia. Algunos afirman “amar el papel” y que “no pueden vivir sin la sensación de tocar un libro”. Los aparatos de lectura digital son excelentes, hay gente reacia a aceptarlos aunque tarde o temprano tendrán que hacerlo y deberían probarlos. Un lector digital puede contener cientos de libros normales, lleva distintos tamaños de letras para leer con comodidad y hasta tiene espacio para anotaciones o citas. Es un instrumento formidable. Desde hace años poseo un “Kindle” de Amazon; viajo siempre con él llevando casi una biblioteca completa en lo que parece un simple cuadernillo. Eso sí que es revolución tecnológica.

El libro ya es y será diferente. Poco a poco lo digital será la norma y no la excepción. Además, es nuestra obligación el preservar la naturaleza. Recuerden que cada libro común implica árboles caídos. Ahora se trata de ahorrar papel para evitar mayores daños ecológicos. El libro ha cambiado pero nunca morirá. Así hay que entenderlo e irse adaptando a las nuevas realidades.

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Publicado en Fecha: 10 de enero del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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