Desigualdad ante la ley

Janus era el Dios guardián de las puertas de Roma. La deidad representaba imágenes del pasado y del porvenir. Por eso se llamó “enero” (“Januarius”) al mes que marcaba el principio del año en los calendarios imperiales. Realizadas las reformas impuestas por el Papa Gregorio, persistió el nombre del primer mes del año en el almanaque que hasta hoy seguimos usando en el mundo occidental. Y tiene sentido, al principio de cada año uno está todavía con las visiones de lo que pasó e intentando simultáneamente imaginar lo que vendrá.

Si Janus tenía dos caras, tal vez en Bolivia fuerzas del orden, medios y justicia sean polifacéticos. De otra forma algunas cosas que suceden acá son inexplicables. En función del reciente pasado que nos refleja una de las caras de Janus, estuve recordando dos perturbadoras imágenes de fines de 2015. En una, luego de un terrible accidente automovilístico que su imprudencia provocó, un irresponsable muchacho de 17 años –manejaba sin permiso de su padre y sin licencia de conducir- permaneció extremadamente sobre protegido. Se evitó pronunciar o escribir su nombre y tampoco se le vio ninguna parte del cuerpo. Aparecía tapado con una sábana blanca debido -según se dijo- a sus “heridas”. Dichas heridas eran seguramente del alma. Ese irresponsable jovenzuelo segó bruscamente la vida de dos adultos y de un niño. Veremos cuál será su castigo, si finalmente alguna pena se le impone. Pocos días después, otro menor de un barrio humilde de Santa Cruz de la Sierra acuchilló a un sujeto y lo mató a mansalva. Tenía también 17 años. Pero en este caso no hubo secretos ni de nombre ni de facha. El precoz asesino apareció presentado por la Policía ante todos los medios con nombre y apellidos completos. Asimismo. su cara y cuerpo fueron vistos en colores por miles de personas.

Dejando de lado lo diferente de ambas situaciones (la primera un homicidio culposo, la segunda un homicidio agravado y alevoso) es un hecho que en materia legal de protección al menor no hubo igualdad de condiciones. Recursos e influencias ganaron de lejos en el primer caso. Este ejemplo -uno más de los que abundan en Bolivia mientras el mentado “proceso de cambio” no hace nada al respecto- me hizo recordar una canción de los Ratones Paranoicos que en su parte pertinente expresaba: “Es el colmo que en este lugar al rico no le hagan nada mientras el pobre va preso por robar un maní”. Por su lado, Simón Bolívar dijo que ante la inevitable desigualdad física, era imprescindible la absoluta igualdad ante la ley. Pero en este nuestro querido país pareciera que las cosas son al revés. Por lo visto, la desigualdad ante la ley es la norma, no la excepción. Todo depende de cuánto se tiene en materia de plata y de las influencias que cada cual pueda esgrimir. Lamentable en verdad y a los hechos me remito.

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Publicado en Fecha: 03 de enero del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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