¡¡Humo, humo y humo!!

Un editorial de El Deber del pasado mes de agosto se refirió con certeza al dañino e irrespirable humo que nos castiga cada año, particularmente los meses de julio, agosto y septiembre. Estos contantes “chaqueos” o “quemas” causantes de la humareda son otra prueba palpable del dicho que ya comenté en otra nota sobre “el caso del cura Gatica que predica y no practica”. Las autoridades hablan hasta por los codos acerca de luchar contra el cambio climático, firman acuerdos internacionales al respecto, se llenan la boca con la Pachamama, etcétera. Mientras la verborrea para consumo externo crece, en la realidad concreta se está creando dentro del país -con la macabra participación de los funestos chaqueos anuales- un propio y perverso- cambio climático, en paralelo con una distorsionada ecología más perversa aún. Y esto ocurre a vista de las autoridades, año tras año y hasta ahora sin atisbos de parar. Quienes tienen la capacidad de impedir el desastre no hacen nada en concreto, salvo el contabilizar con resignación los llamados “focos de incendio”.

No podemos seguir en la segunda década del tercer milenio con un comportamiento tan anti ambiental y anti natura por parte de ciertos productores agropecuarios. El fuego devasta bosques, suelos, flora y fauna. Si bien algunos dicen que el impacto es menor por tratarse de humo forestal y no de combustibles fósiles, ello no es excusa para continuar con lo mismo. Tiene que haber una manera de evitar en el inminente 2017 la repetición y extensión de tanto chaqueo. Si el Gobierno no tiene la solución, que procure la cooperación de agencias especializadas. Y si hay que sancionar, las sanciones deberán ser expeditivas y sin excepciones. La gente precisa aire limpio. Si la sequía se combina con los chaqueos la humareda se hace peor, más irrespirable y encima se crean problemas de todo tipo, comenzando con enfermedades pulmonares que pueden afectar profundamente a los niños en su desarrollo vital.

Llegó la hora de terminar para siempre con tanto humo. Tal vez antes de publicarse estas líneas -al inicio de octubre- una lluvia reparadora haya amainado la humareda, pero el daño para la presente gestión ya está hecho Hay que corregir las cosas para que dejemos de sufrir en cada estación por el descalabro que se produce con indefensos campos que, en lugar de ser rotados debidamente, son quemados sin piedad para acelerar la próxima cosecha, No soy experto, pero tiene que haber otra manera mejor de tratar a la tierra. Si en el cercano futuro no hay solución, ello implicará que los repetitivos discursos acerca de la Pachamama serán sólo una más de las expresiones retóricas que ya nos tienen hastiados.

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Publicado en Fecha: 02 de octubre del 2016
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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