Sin verdadero cambio no hay progreso

El poder implica capacidad de imponer la propia voluntad. El poder es además mensurable -en cada caso- por la magnitud de la modificación en el comportamiento de personas o grupos. Si la voluntad implica -entre otras cosas- el deseo de no aprender, el poder también puede implicar la capacidad de no tener que hacerlo.

Según el politólogo Karl Deutsch (1913-1992), la voluntad y el poder son aspectos de la patología del aprendizaje social. El aprendizaje patológico es un tipo peculiar de aprendizaje perverso que reduce la capacidad futura de aprendizaje efectivo de la persona u organización en lugar de aumentarla. La voluntad y el poder pueden llevarnos con facilidad a tal aprendizaje autodestructivo si existe una sobre valoración del propio pasado con respecto a la múltiple vastedad del universo en materia de experiencias. Estos razonamientos son válidos hasta hoy, particularmente en sociedades reacias al cambio o que sacralizan su pasado, negándose a aprender y/o asimilar lo nuevo por efecto de un aprendizaje autodestructivo.

A pesar de las amplias diferencias entre múltiples sociedades, es válido considerar que el valor aceptado globalmente con mayor amplitud es el de la supervivencia. En base a ello y de acuerdo al análisis de Deutsch, se tendrían cuatro tipos de sistemas sociales: 1) Sistemas autodestructivos que pueden llegar a desaparecer, incluso en ambientes relativamente favorables; 2) Sistemas no viables que probablemente no sobrevivan al enfrentarse con dificultades, aunque es posible que no sean forzosamente autodestructivos; 3) Sistemas viables que quizá conserven su probabilidad original de supervivencia en un ámbito limitado de condiciones ambientales; 4) Sistemas que se auto desarrollan y auto mejoran, que además son capaces de aumentar su probabilidad de supervivencia y sus ámbitos de acción en una creciente variedad de ambientes. Estos últimos son los más indicados para progresar pues asimilan el cambio, lo hacen realidad efectiva y prosiguen hacia adelante en un camino de mejora continua. Subyace aquí el concepto del historiador británico Arnold Toynbee de desafío y respuesta. Aquellas civilizaciones con capacidad de respuesta han logrado sobrevivir, sortear obstáculos y avanzar. Las que no lo hicieron languidecieron o terminaron conquistadas por otra civilización más fuerte.

La adaptabilidad y el aprendizaje concreto (no patológico) resultan ser esenciales para la supervivencia positiva de sociedades y culturas. A mayor adaptación y auténtico cambio, mayor será la posibilidad de progresar. A menor ritmo de cambio o mayor rigidez por causa de la persistencia mental del aprendizaje negativo (aprender a no aprender), cualquier tipo de civilización estará condenada al estancamiento o a la extinción.

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Publicado en Fecha: 25 de octubre del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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