Un milenario choque de civilizaciones

En notas restringidas a cierto número de caracteres no se puede entrar en detalles. Baste expresar que no me refiero al “Choque de civilizaciones” de Samuel Huntington, sino a un enfrentamiento más que milenario entre dos civilizaciones específicas: los herederos del legado romano y los herederos del Profeta Mahoma. De una u otra manera, los choques siguen, al borde tal de que en estos momentos ya algunos cristianos exaltados hablan de la necesidad de una nueva “cruzada”. Y hablando de éstas, recuérdese que en la Edad Media la Iglesia Católica auspició varias cruzadas (expediciones militares) que se trasladaron hasta el oriente medio para recuperar Jerusalén y el Santo Sepulcro. Todas ellas fueron sangrientas provocando la muerte de cientos de miles de personas de ambos lados. Por su parte, los sarracenos, portadores y defensores del Islam frente a los cristianos que venían de Occidente, tuvieron igual cuota de atrocidades. Terminados esos crueles conflictos se inició otro, esta vez ya no con pueblos árabes sino con los turcos convertidos al Islam, cuyo imperio otomano se extendió a los Balcanes e inclusive amagó con tomar Viena en 1683. Un par de siglos antes (1453) ya habían ocupado Constantinopla, capital de Bizancio o Imperio Romano de Oriente. La ciudad pasó a llamarse Estambul, nombre que conserva hasta nuestros días

La gran victoria de Jacques Martell en la célebre batalla de Poitiers (Tours) librada el año 713, logró frenar un frenético avance musulmán que había logrado superar nada menos que los Montes Pirineos. El conflicto siguió abierto, pero en otras latitudes, fuera de Francia y del resto de Europa occidental. En la península ibérica los moros se quedaron hasta 1492. Por su lado, los otomanos recién fueron expulsados de Europa oriental a fines de 1918, manteniendo sí hasta ahora el pedazo de tierra europea que les permite controlar el estrecho del Bósforo y el acceso al Mar Negro. La Turquía moderna de hoy aspira a convertirse en miembro de la Unión Europea, pero actualmente tal membrecía se reduce a la participación en campeonatos de fútbol del viejo continente; hasta ahora no hubo consenso para su integración en la UE.

Musulmanes y cristianos han sido rivales por siglos, luego alcanzaron un “modus vivendi” que se truncó en los últimos años, particularmente desde los atentados del 11 de septiembre de 2001, agregando a ello la irrupción de extremistas como Al Qaeda y en nuestros días el ISIS.

Así como el catolicismo se modernizó, dejando de lado acciones tales como la horrorosa inquisición u otras anomalías medievales, es hora de que el Islam haga lo propio y lo haga abiertamente, al mismo tiempo que debe ser capaz de controlar a los grupos extremistas. Solo así habrá paz con mutua tolerancia. Mientras se mantenga la división -exagerada por los fanáticos- entre el Dar-al-Islam y el Dar-al-Harb, o sea, un mundo islámico frente a un mundo “infiel” -que por doctrina debe ser convertido o aniquilado- las cosas no caminarán bien.

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Publicado en Fecha: 25 de enero del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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