Némesis y envidia

Hace muchos años comenté este siempre actual tema. La mitología griega menciona el miedo popular al castigo ejercido por la temible Némesis, deidad de la venganza y la justicia distributiva. A la Némesis se la consideró irreconciliable vengadora y sancionadora de todo orgullo. En la antigua Grecia se creía que cuando una persona llegaba demasiado alto tarde o temprano su caída sería estrepitosa; si alguien era feliz tenía que ser luego desdichado. Mejor no arriesgarse al castigo -“karma” en lenguaje “New Age”- de la poderosa Némesis, mito que mantenía sobre los helenos un fuerte control psicológico. La Némesis fungía como elemento inhibitorio; era preferible no destacarse para poder soportar así una Némesis menos terrible que la de los que sobresalían. Hoy en día Némesis es también sinónimo de enemistad u odio. Se dice “Fulano se enfrentó con Mengano, su Némesis”.

La misma mitología griega cuenta que algunos intrépidos héroes desafiaron a la Némesis, como sucedió con Agamenón y Hércules. Empero, ello no ocurría en la mayoría de los casos. El temor de penurias futuras como contrapartida de una actuación prominente mantenía a los griegos en una mediocre armonía. No hay que destacarse para evitar ser castigado.

Una de las múltiples formas que adoptó la Némesis contemporánea fue la envidia, ésta a veces hábilmente camuflada mediante tendencias pseudo igualitarias que pretenden nivelar hacia abajo para evitar desigualdades y más bien las crean en mayor cantidad. Puede darse también el caso del "ocultamiento". Los cazadores de las tribus primitivas escondían sus mejores presas para comérselas en la noche sin que nadie los vea y al abrigo del "ojo malo" de cualquier envidioso u oportunista. Diversas comunidades ancestrales tienen hasta hoy "tabúes" originados en el miedo a la envidia. Por otro lado, muchas personas talentosas o de fortuna material temen mostrar sus dones o adquisiciones, ya que tal cosa podría acarrearles calamidades derivadas de la Némesis -por envidia- de quienes no poseen lo que ellos tienen.

La envidia es un verdadero escollo para el desarrollo y el cambio social. Sobre esto ya escribí antes, pero vale la pena cada tanto reiterar conceptos. Vemos con tristeza que en varios casos la emulación creadora, capacidades y talentos de “x” individuo son cercenados cruelmente por quienes -al no poder llegar a la altura del envidiado de turno- buscan todos los medios posibles para perjudicarlo inventando denuncias o generando calumnias. Ejemplos abundan en varias latitudes, Bolivia no escapa a tamaña anomalía.

El cristianismo pretendió desterrar a la envidia. La expresión de Jesús "ama a tu prójimo como a ti mismo" es muy ilustrativa. Pero los seres humanos no siempre se comportan de acuerdo con los preceptos evangélicos; más bien se dejan arrastrar por una de las variantes de la vieja Némesis: la ponzoñosa envidia.

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Publicado en Fecha: 22 de agosto del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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