El uso del poder inteligente

Joseph Samuel Nye -politólogo y profesor estadounidense- es conocido por haber sido pionero de los conceptos sobre poder duro y poder blando. Su noción mixta de "poder inteligente" (smart power) se hizo popular durante el pasado gobierno de Bill Clinton. Últimamente el presidente Barack Obama y sus asesores han estado practicando la expresión en sus negociaciones con La Habana. El nuevo gigante emergente, la República Popular China (RPC), usa también los instrumentos del poder inteligente en los nexos con sus rivales geopolíticos (Japón, EE.UU. e India entre otros) y en sus vínculos con los países en desarrollo mediante su asociación con el justamente llamado ahora Grupo de los 77 + China.

El poder blando se refiere al uso de la persuasión, la influencia y la cooperación, entre otros posibles instrumentos pacíficos -pero de gravitación para el contrario- capaces de producir decisiones positivas sin necesidad de fuerza, aunque se puede insinuar su uso. El poder duro -la propia expresión lo da a entender- implica la utilización directa de la fuerza disponible o la amenaza concreta de desplegarla si el oponente no cede en sus pretensiones. Por último -y ahora muy de moda nuevamente- el smart power (poder inteligente) es usado en política exterior para el manejo en general del amplio campo de las relaciones internacionales. El propio Nye definió al poder inteligente como la capacidad de combinar los poderes blando y duro para alcanzar un objetivo determinado. Según varios expertos el smart power engloba el uso estratégico de medios de persuasión, aunados éstos con la proyección de poder para que los resultados sean positivos. El poder inteligente es una mezcla -adaptada a cada circunstancia- de fuerza militar con diplomacia.

Con respecto al relanzamiento de los hasta hace poco congelados vínculos norteamericanos con Cuba, en conformidad con la visión del smart power de la Casa blanca había llegado el momento de acercarse al oponente para tenerlo de su lado y hacerlo justo en su momento de mayor debilidad. Con esa lógica Obama hizo lo que hizo con Raúl Castro y lo hizo bien. La misma sana lógica la quiso aplicar Clinton en el pasado con la ex URSS -Rusia en particular- pero pudieron más los mezquinos resquemores europeos. Al ampliarse la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) incorporando los países de la ex órbita soviética, el viejo miedo ruso del cerco se acrecentó y este temor se mantiene hasta hoy. Del poder inteligente se pasó al poder tonto y ahí están las consecuencias: una Rusia desafiante que se siente víctima de una claustrofobia diseñada desde afuera. Los líderes del Kremlin perciben que sus pares europeos quieren aislarlos de su tradicional área de influencia con la ayuda de los Estados Unidos. De ahí las tensiones en Ucrania más otras posibles a generarse en los antiguos territorios de la extinta Unión Soviética. Desde ese crítico contexto del poder tonto urge -en esa conflictiva región- retomar muy pronto el camino hacia el uso adecuado del poder inteligente.

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Publicado en Fecha: 21 de junio del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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