La venganza del león Cecil

En el otrora próspero, ahora empobrecido Zimbabue, donde manda en forma absoluta desde hace décadas su presidente vitalicio Robert Mugabe, un dentista norteamericano de nombre Walter Palmer –ya buscado en otros lugares por caza ilegal de animales- mató sádicamente al león “Cecil” el pasado 27 de julio. La forma en que este mal sujeto sacó al animal de su reserva tentándolo con un cebo de carne para propinarle un flechazo, dejarlo herido 40 horas y luego ejecutarlo con frialdad para finalmente decapitarlo, enfureció al mundo por su tremenda alevosía.

Desde la heroica muerte del perro Athos en diciembre de 2010 -en el naufragio del carguero italiano “Jolly Amaranto”- no se había producido semejante conmoción en la red informática y redes sociales. Como es sabido (lo relaté en su momento) Athos se inmoló como los bravos capitanes del pasado al no querer abandonar el barco del que era mascota oficial y prefirió hundirse con la embarcación. En el triste caso de Cecil, tan pronto se supo la noticia millones de personas execraron a Palmer. En su ciudad de residencia un piquete permanece hasta hoy; lo propio sucede en su consultorio. Palmer está escondido sin saber aún si será extraditado a Harare, capital de Zimbabue. Allí tendría 10 años de cárcel si es condenado.

Lo de Palmer recalca lo sabido: el ser humano es el más despiadado de los seres vivos. Es el único animal (presuntamente racional además) que mata por placer, no por necesidad, hambre, instinto sexual o defensa propia. Para colmo, mata hasta a otros humanos. Por suerte existen grupos protectores que evitan crueldades con los animales, pero tenemos todavía muchos Palmer esparcidos en el globo, cada uno de ellos dedicado a matar por placer bestias inocentes, poniendo en riesgo el equilibrio ecológico de vastas regiones.

Cecil está teniendo su venganza, más allá de que Palmer termine entre rejas o no. Su mala acción ya convirtió a este sujeto en un paria de por vida, adonde vaya será señalado con el dedo y repudiado. Sólo podrá esconderse con los de su calaña. Por otro lado, algunas personas se han preguntado por qué el lío ante la matanza de un león cuando hay tantos problemas en el mundo, comenzando con los del propio país de origen de Cecil. Es cierto, pero el tema de fondo es que Cecil fue y será un símbolo de la libertad, de la necesidad de conservar espacios libres para especies en peligro de extinción, de preservar también parques de reserva biológica y forestal. Sin embargo, no debemos olvidarnos del propio país del león, Zimbabue, sumido desde hace tiempo en una espantosa crisis producto del falso socialismo demagógico de Mugabe. Tampoco podemos olvidar a los miles de migrantes africanos que mueren en viajes clandestinos hacia costas europeas en busca de mejor vida. Mucho menos debemos olvidar otras múltiples atrocidades y cuestiones vigentes en escenarios nacionales e internacionales. El mundo es complejo y cruel por el propio ordenamiento humano que lo impregna. Aún así, debemos tener siempre presente a Cecil, recordando su injusto martirio y para que barbaridades al estilo de Palmer no se repitan. Por suerte, el gran felino está teniendo su venganza contra ese deleznable personaje.

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Publicado en Fecha: 16 de agosto del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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