Entre las ciudades y el campo

Un interesante trabajo de Alejandro López Lamia (Blog Urbe & Orbe del Banco Interamericano de Desarrollo-BID) nos alerta acerca del impacto que tendrá en áreas rurales el insaciable apetito de ciudades que crecen a diario y precisan mucha comida. Como ya lo manifesté un par de años atrás, la mayor población mundial se asienta ahora en ciudades. Las áreas urbanas representan solamente el 2% de la superficie terrestre pero allí vive hoy más de la mitad de la población total planetaria, unos 4 mil millones de seres. Asimismo, en los distritos urbanos se consume un 75% de los recursos producidos por la economía mundial. Ello crea problemas crecientes para el campo y sus habitantes. Según López, hasta pone en tela de juicio la viabilidad futura de los rápidos procesos de urbanización a nivel global. El mismo autor nos recuerda algo que no siempre tenemos presente: la actividad agropecuaria y forestal es la mayor responsable de las emisiones de todos los gases de efecto invernadero combinados (35%), más que las producidas por el sector energético convencional (24%), la producción industrial (14%), el transporte (14%), la construcción (8%) y otras actividades (8%). Agrega además que la industrialización agrícola tiene también un desmesurado efecto negativo en el ciclo natural del nitrógeno, vía el uso de fertilizantes que terminan creando problemas ambientales y “zonas muertas”.

La ciudad depende del campo para subsistir y si los centros urbanos se multiplican, también se multiplicarán las presiones sobre el sector rural. Peor aún en caso de que parte del tradicional campesinado se traslade a las regiones urbanas en procura de mejores condiciones de vida. Si el campo se debilita, no sólo se perjudica en lo intrínseco, perjudica también a las ciudades que dependen de ese campo para alimentarse y obtener otros recursos naturales.

Más allá de cambios cuantitativos de población a favor de las masas urbanas aglomeradas en pocos espacios, el campo seguirá desempeñando un rol crucial. Si no se comprende bien esta correspondencia biunívoca campo-ciudad y no se la complementa debidamente, con seguridad aumentarán los inconvenientes tanto en zonas rurales como en centros urbanos. Debe lograrse la sostenibilidad en el tiempo de las ciudades. Para ello, al unísono hay que mantener un ritmo dinámico de cambio sostenible en el ámbito rural, minimizando impactos dañinos sobre los ecosistemas y manteniendo flujos normales –inclusive crecientes- de generación de alimentos que irán hacia urbes cada vez más voraces y consumidoras. Así, pues, la existencia de una sociedad “x” no está dividida por tramos de ciudad y tramos de campo. La vida en común y las posibilidades de progreso de esa comunidad tienen su base en la relación positiva entre ciudades y campo, reside en la armónica convivencia interactiva de ambos sectores. Y esto va mucho más allá de traslados poblacionales de uno a otro lugar que eventualmente puedan ocurrir.

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Publicado en Fecha: 10 de mayo del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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