¿Es mejor no tener que tener?

Una vez que las hordas nómadas dejaron de serlo y se asentaron en determinado suelo surgió el concepto de propiedad. Desde entonces la mayoría de los conflictos bélicos han sido por territorios perdidos o conquistados. También se inicio el respeto por la propiedad privada. Con el avance de la civilización llegaron los impuestos. Caciques, señores feudales o reyes exigían tributos para todo y por todo. Como contrapartida “garantizaban” uso y derechos de la propiedad. Cuando alguien no pagaba, la parcela era expropiada y entregada a un tercero por un valor determinado.

Los impuestos progresivamente se racionalizaron, ya no fueron tan abusivos; se transformaron en parte natural del equilibrio que ejercía el Estado como ente regulador de la sociedad. En función de ello, el Estado brindaba para sus ciudadanos servicios básicos: seguridad, salud, educación etc. Así sigue ocurriendo en varias comunidades contemporáneas. En otros lugares, frente a la mala calidad de las prestaciones estatales, los tributos han llegado a ser muy elevados. Sucede con inmuebles y bienes de uso durable, particularmente vehículos. Es más, hay muchas personas que no quieren tener nada frente a tanto abuso impositivo. No en vano desde hace años ha entrado de moda el “leasing”, palabra inglesa que implica alquilar un bien por plazos determinados. Al final del período pactado uno queda con la opción de devolver el ítem o de comprarlo por un valor residual. El leasing ha revolucionado las prácticas comerciales e industriales. Ha facilitado la vida de muchas empresas e individuos que ahora mediante ese sistema acceden a casas, autos, maquinarias, muebles o artefactos electrónicos sin necesidad de realizar onerosas compras. Pero lo mejor de no tener y tener (eso es al final el leasing) es que se termina la antipática tributación en exceso. Los impuestos de vivienda son cada vez más altos, hacen que muchas personas no quieran ni siquiera comprarse una mejor casa debido al peso tributario. Este efecto perverso de los impuestos no es normalmente percibido pero es muy real. Por tanto, para qué comprar si más conviene alquilar, pagar el IVA correspondiente y punto. Se elimina la preocupación del pago anual de un pesado tributo por el único “pecado” de ser propietario.

Si, entre tener y no tener, parece que mejor es no tener y acceder al leasing. Al menos eso lo señala una aritmética elemental de la economía más simple y efectiva del mundo, la del propio bolsillo. Si la sumatoria colectiva de esa conducta de no comprar frena el crecimiento ya es otro cantar y ese cantar queda en manos de los gobernantes de “x” estado en cualquier latitud del globo que son quienes generaron el problema por su constante apetito impositivo. Mientras más alto el tributo mayor será la disuasión para comprar cosas durables, crecerá la tentación de alquilar, de concretar esa cómoda posibilidad de tenerlo todo sin tener nada y además sin complicarse la vida.

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Publicado en Fecha: 09 de agosto del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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