Construcción y destrucción

Sea que nos ubiquemos en Cochabamba, La Paz, Tarija, Trinidad o en cualquier otro punto de la extensa geografía boliviana donde haya concentraciones urbanas, lo mismo da para el caso de este comentario. Por tanto, cada cual podrá contar su propia anécdota sobre el tema y en cualquier lugar.

En mi caso particular, he visto con entusiasmo como las autoridades del Honorable Gobierno Municipal de Santa Cruz de la Sierra decidieron transformar un rudimentario espacio verde de la UV 52 del Barrio Las Palmas en una bonita plaza. Al respecto, cabe agradecer por su loable inquietud en este campo a las estimadas señoras Angélica Sosa, Sandra Velarde y a Mauricio Ruck. Ellos, junto con otros buenos funcionarios, pusieron su grano de arena para hacerla realidad. Como vecino del lugar, creo haber cooperado para que esa plaza exista, pero es un hecho que el loable esfuerzo mayor vino de la propia Alcaldía. Bien por ella. Pero por increíble que parezca, aún antes de terminarse, ese lindo lugar ya está siendo violado por quienes destruyen en lugar de construir. Es una barbaridad pero así son las cosas. Una vez más resalta la siniestra acción del principal enemigo de los sitios públicos de Bolivia: el endémico vandalismo. Si, ese mismo vandalismo que se ensaña en diversas localidades del país con paredes, restauraciones, parques, jardines, basureros, etc. Sea por falta de cultura cívica, de una buena educación con respecto al cuidado de lugares públicos o de (esto creo es lo peor) falta de controles acompañados de fuertes penalidades, el vandalismo reina. Recuerdo con pena que la ceremonia en La Paz para inaugurar el puente sobre la Plaza Pérez Velasco tuvo que suspenderse por un día debido a las pintadas de inadaptados descubiertas al amanecer del día marcado para el acto oficial.

En varias ciudades ni siquiera se respetan los patrimonios históricos. No termina de restaurarse o de pintarse un inmueble que ya al día siguiente está ensuciado por la malévola mano del vándalo de turno. En las canchas deportivas habilitadas por gobiernos ediles cada tanto hay que reponer arcos de fútbol y cestos de basquetbol destruidos o robados. Ni hablar de las plaquetas de homenaje a ciudadanos insignes. Casi no queda una en ninguna parte, los vándalos las hurtan para fundirlas y venderlas como simple hierro; lo mismo sucede con las alcantarillas. La noble construcción se encuentra por doquier con su peor enemigo: la perversa destrucción vandálica. Terrible.

En ese nefasto ciclo de construcción y de destrucción vivimos. Algunos se han hecho indiferentes ante tanta vileza por parte de mala gente que ni cuida ni quiere a su ciudad ni a su país. Es hora de terminar con esto en los cuatro puntos cardinales de Bolivia. Propongo sanciones drásticas con mayor vigilancia en calles y espacios públicos. En paralelo, educar a niños, jóvenes y adultos en torno a la necesidad de cuidar lugares que, en definitiva, son construidos en beneficio de la comunidad.

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Publicado en Fecha: 04 de enero del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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