Los herederos de Roma

El Sacro Imperio Romano-Germánico sobrevivió hasta 1806. Sostuvo durante siglos una estructura multinacional ocupando un amplio sector de Europa central y occidental. Los herederos de la antigua Roma fueron paradójicamente los mismos que provocaron su caída. Las migraciones posteriores a la debacle romana de numerosas tribus germanas (que llegaron hasta el norte de África, España, sur de Francia e Italia) sostuvieron el legado romano, sumando además el de la cristiandad que adoptaron.

Por su parte, Rusia terminó siendo la heredera conjunta de Grecia y de Bizancio al derrumbarse el imperio romano de oriente tras la toma de Constantinopla (hoy Estambul) por los turcos. Así se produjo la división geopolítica-religiosa entre el católico oeste europeo y la ortodoxa Europa oriental. Dos mundos cristianos separados por suspicacias y rivalidades.

Terminado el ciclo de migraciones la mayoría del pueblo alemán se ubicó geográficamente en la mitad de Europa. Era el extremo de la órbita romana occidental y hacia al oriente bordeaba con el extenso territorio de la comunidad eslava de cultura greco-bizantina. Los alemanes buscaron siempre expandirse hacia el este, ya que desde la división carolingia el oeste les quedó vedado. Una tribu germana -los francos- consolidó para sí lo dejado allí por Carlomagno y creó Francia, asimilando inclusive el idioma de los galos locales. Ante esa realidad la frontera occidental pasó a ser intocable, salvo algunas zonas de roce. Tal el caso de las originalmente alemanas Alsacia y Lorena, primero tomadas por los franceses en el reinado de Luis XIV, luego retomadas por Alemania en 1870 y finalmente devueltas al dominio de París. La consolidación de Francia como estado nacional -acompañada luego del ascenso británico- dejó al oriente como único “lebensraum” (espacio vital) posible para los germanos. En el medioevo los Caballeros de la Orden Teutónica llegaron más allá del Báltico y hasta parte de lo que es Rusia hoy. Por el lado del Danubio pasó algo similar. El mismo nombre de Austria (Österreich, estado del este) nos da la pauta. Allí se consolidó la “Östmark”, la marca o límite germano del este. Cuando al célebre diplomático austríaco Klemens von Metternich le preguntaban dónde comenzaba el este, repetía jovialmente: “aquí en Viena, a la vuelta de la cancillería”.

Muchas vicisitudes atravesó Europa a lo largo de su accidentada historia, pero sin el trabajo de alfarería del conjunto de migraciones germánicas el mundo occidental y cristiano -tal como lo conocemos- no hubiera existido. Los movedizos germanos recogieron la herencia de Roma y forjaron naciones.

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Publicado en Fecha: 02 de agosto del 2015
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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