Persiste el auge del homo urbano

Tal como lo anticipamos hace unos años, desde el 2010 en todo el planeta Tierra la población citadina supera a la del campo. El “homo urbano” se impuso sobre el “homo rural”. En la actualidad prosigue -con vigoroso empuje- la tendencia migratoria hacia centros poblados. Las clases políticas de diversos países todavía no han terminado de percibir este cambio y siguen tratando a las masas campesinas como si fueran mayoritarias. Ya no es el caso, ni en Bolivia ni en muchas otras partes del globo.

Por diversas razones no siempre enteramente lógicas o razonables, la gente ha preferido aglomerarse en ciudades procurando mejorar condiciones de vida, posibilidades educativas, asegurar un buen futuro para sus hijos, etc. Lamentablemente, muchas de esas expectativas aún no han sido satisfechas ni resueltas. Así como en las urbes modernas hay facilidades para muchos, hay otros muchos que apenas sobreviven en su nuevo entorno de cemento debido a la multiplicidad de carencias que enfrentan. Inclusive no faltan quienes habitan en peores condiciones de las que tenían en el campo. La proliferación de “villas miseria”, “poblaciones callampas” o “favelas” es prueba irrefutable de la penosa creación de guetos internos en las urbes, sobre todo en lugares donde hay fuertes concentraciones de población que a su vez generan situaciones límite por la falta de una infraestructura adecuada en materia de saneamiento básico, alcantarillado, viviendas y demás elementos esenciales para ostentar una mínima calidad de vida.

Pese a la situación de desamparo en la que viven esos ciudadanos marginales, las encuestas han probado que muy pocos de ellos desean volver a zonas rurales. Pese a las desventajas de su crítica situación, prefieren seguir en la ciudad. De continuar la tendencia, habrá que ir pensando en el futuro en incentivos para que el homo rural se quede donde está e inclusive procurar que algunos de los rurales que probaron suerte en las urbes retornen a su lugar de origen. No será fácil, pero los gobiernos tendrán que intentarlo. Las megalópolis desordenadas que crecen desmesuradamente terminan siendo prácticamente inviables. Lo ideal sería un crecimiento urbano equilibrado repartido ente varias ciudades de similar población. Asimismo y en simultáneo, crear incentivos para que la gente del campo permanezca donde está, Pero en los países emergentes no ha sucedido tal cosa. Por el contrario, la tendencia irrefrenable ha ido por el lado de la concentración masiva en grandes urbes estilo ciudad de México, San Pablo, Buenos Aires, Lagos o Calcuta (por citar unas pocas) y tal cosa ya está creando serios problemas de diverso tipo. Por ahora las urbes del mundo desarrollado han logrado superar o por lo menos han sabido mitigar algunas perversas tendencias pero también corren peligro. Por ahora persiste el auge del homo urbano, el futuro dirá si el proceso de urbanización creciente será sostenible en el largo plazo.

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Publicado en Fecha: 29 de junio del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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