Las diversas caras del terrorismo

La Real Academia Española define terror como “miedo intenso”. Terrorista sería aquél que crea ese pánico y terrorismo el conjunto de actos que lo provocan. En esa amplia definición cabe insertar las diversas facetas de un triste fenómeno actual: terrorismo y terroristas conviven globalmente con una indefensa humanidad.

Desde los sucesos del 11 de septiembre de 2001 ocurridos en EE.UU. los actos de terrorismo se han exacerbado en grado sumo. Muerto el escurridizo Bin Laden, jefe de “Al Qaeda”, en los últimos tiempos ha surgido una nueva organización especializada en provocar temor. Me refiero al califato del Estado Islámico de Irák y Siria (ISIS por su sigla en inglés). Empero, cabe recordar que hay muchas otras formas de terrorismo. Y no me refiero a los terroristas del país vasco (ETA) a los irlandeses del IRA, las antiguas Brigadas Rojas de Italia, al “Sendero Luminoso” peruano, grupos religiosos extremistas y otros grupos de ayer u hoy diseminados por doquier. Todos son similares en su indiscriminado accionar, les da lo mismo que mueran inocentes con tal de sentar un “escarmiento” o presentar “legítimas” demandas. Con lo atroz que este tipo de terrorismo resulta ser no debemos centrarnos únicamente en él. Hay más, mucho más, en el ámbito del terror. Cabe una visión amplia de sus perpetradores.

En paralelo al terrorismo clásico existe una suerte de terrorismo económico aplicado en muchas ocasiones –en algunos casos se sigue aplicando hoy– por varios países u organismos internacionales. En el contexto de las naciones emergentes, devaluaciones, corruptela e inflación son formas de terrorismo financiero aplicadas sobre sufridos ciudadanos que viven con temor de perder ahorros y sufrir desastres por culpa de administraciones ineptas. A lo expresado agreguemos el terrorismo de estado, el que ocurre cuando un país aplica métodos de terror –sin respeto por la propia ley– para suprimir al enemigo interno, reprimir a sus súbditos o para ejercer dominación sobre territorios ocupados. El pasado Siglo XX ha sido pródigo en este tipo de terrorismo de estado. Es triste ver que en el tercer milenio hay quienes aún lo ejercen con dureza. Así sucesivamente, se desgranan varias subdivisiones del terrorismo, cada una con su macabra secuela. Hasta las campañas de difamación o la propalación de acusaciones sin fundamento podrían ser calificadas de terroristas, desde el momento en que siembran dudas y dañan la honra ajena.

En paralelo con el combate al terrorismo explícito deben suprimirse las otras ocultas formas del terror que siembran pavores, fomentan resentimientos y además producen círculos viciosos de odios u opresión continuos. Es mi modesta opinión.

----------0000----------

 


Publicado en Fecha: 28 de septiembre del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

Los más Recientes



Copyright © 2013 - Todos los Derechos Reservados

Telf. de contacto: 74969109 Diseñado por: Vicente Candaguira