Expansión del sistema financiero

En la antigüedad las actividades comerciales se realizaban mediante el trueque. En otras palabras, se intercambiaban cosas sobre la base de un valor tangible “x”. Así por ejemplo, una oveja se canjeaba por 10 gallinas o viceversa, más cualquier otro tipo de combinación posible entre mercancías o bienes diversos.

Cuando las sociedades fueron progresando, el sistema de trueque resultó a todas luces insuficiente. Era necesario crear algo que represente al común denominador de los valores y que sirva como medio general de cambio. Nació así el dinero. Su uso se expandió a lo largo de todas las civilizaciones, incrementando el movimiento económico exponencialmente.

La caravanas de antaño estaban tan sujetas a peligros delincuenciales como los transportistas del presente. Para evitar pérdidas cuantiosas, surgió la figura del primer tipo de intermediación financiera. Fue así como los mercaderes en lugar de llevar consigo sus valores, llevaban un documento que los acreditaba y al llegar a su destino lo entregaban para recibir el importe monetario. Es el origen de la intermediación financiera.

Con el avance de las comunicaciones, esa intermediación financiera se hizo cada vez más fluida y sofisticada, hasta llegar a los niveles actuales, donde imperan el dinero “plástico” –tarjetas de crédito– el dinero “giral” o bancario –cheques, transferencias electrónicas y otros diversos instrumentos, incluyendo hasta pagos y recibos de dinero por medio de teléfonos celulares, agregando a ello la extensa red nacional y mundial de cajeros automáticos. Así, por ejemplo, un viajero boliviano puede retirar fácilmente dinero en Tokio o en Nueva York contra su cuenta en un banco de nuestro país.

A todo esto, las transacciones monetarias se han multiplicado cuantitativamente. Son hoy trillones de dólares (y de otras divisas) los que circulan por el inmenso torrente global de intermediación financiera que mueve al comercio internacional.

Sin intermediación financiera no tendríamos las facilidades que existen hoy para movernos en la arena económica. Los bancos son el paradigma de dicha intermediación. A través de ellos se capta dinero del público (ahorristas) y se presta dinero para consumo e inversión. Este circulo virtuoso de ahorro-inversión es clave para el crecimiento.

Por otro lado, el dinero tiene un precio y ese precio es la tasa de interés. Eso significa que si yo deposito ahorros voy a recibir mi capital agregando el interés por el plazo de tiempo acordado. Si pido prestado dinero, tengo que devolver el capital más el interés pactado con el banco. La diferencia entre la tasa pasiva de los ahorristas y la tasa activa de los que se prestan dinero es el llamado “spread”, que puede variar según circunstancias especiales. Dicho “spread” cubre gastos administrativos y la legítima ganancia del intermediario financiero.

Tiempo y espacio no permiten mayores razonamientos sobre este interesante tema. Lo que sí conviene destacar es que en nuestra Bolivia, luego de la aprobación de la Ley 393 de Servicios Financieros, varias entidades han pasado a ser bancos, ya sea de naturaleza múltiple o dedicados a la pequeña y mediana empresa (Pyme). Este incremento de entidades bancarias generará una mayor competencia que redundará en mejores condiciones para el consumidor financiero, como también para impulsar el desarrollo del país. Habrá que seguir con atención la evolución de estas nuevas instituciones bancarias y del sistema en general. La actividad bancaria es fundamental para mantener la estabilidad macroeconómica y coadyuvar con el crecimiento económico del país.

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Publicado en Fecha: 27 de julio del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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