Capitales y seguridad jurídica

Dicen que el capital es cobarde en cualquier parte del mundo. Y no debe extrañarnos que así sea, el dueño de ese capital no tiene por qué ser temerario y arriesgarse a perder lo que tiene; la prudencia será siempre la máxima suprema del capitalista sensato. Por tanto, ningún capitalista se quedará intrépidamente donde se siente bajo amenaza, donde su capital –en definitiva el fruto de su trabajo acumulado a lo largo del tiempo- puede perderse por razones de inseguridad. Esto es válido para Uzbekistán, Moscú, Londres, Pakistán, China o Bolivia. Nadie, con plata en la mano para invertir, permanece en ningún lugar bajo condiciones de incertidumbre o ante la sombra de potenciales depredaciones de su capital. El capital vuela y lo hace casi literalmente. Si ya hay inversiones realizadas, ese capital disminuirá su ritmo al mínimo posible y tratará de extraer lo que pueda minimizando pérdidas hasta que llegue el momento del retiro definitivo del capital hacia horizontes más propicios. Y no hablo de los llamados “capitales golondrina”, que -como su nombre refleja- van y vienen al ritmo de burdas maniobras especulativas. Me refiero al capital sólido, al que desea quedarse para aumentar ese capital y mediante una sana expansión crear a la vez empleos, generar impuestos, contribuir al desarrollo de “x” país y, por supuesto, ganar dinero, tener una honesta utilidad sobre el capital, objetivo supremo éste de todo capitalista en el mundo que se precie de ser tal, incluido el propio Estado cuando asume ese rol.

Al capital no se lo atrae con palabras almibaradas, son gestos reales los que cuentan. El capital se quedará en zonas donde tenga estabilidad jurídica, reglas, incentivos y condiciones claras. Si no se dan estos factores o se los cambia bruscamente sin aviso previo, ese capital procurará irse a lugares más propicios.

En Bolivia esta simple verdad hasta hace poco no se la entendió bien y así hemos seguido por bastante tiempo con menores ritmos de inversiones y con capitales envueltos en la incertidumbre. Ahora, con la promulgación de la nueva Ley de Promoción de Inversiones (Ley No. 516) el pasado 4 de abril, ojalá los procesos se tornen positivos y el flujo inversor crezca significativamente. Lo fundamental: proporcionar ámbitos de estabilidad económica con seguridad jurídica. Lo primero existe en Bolivia desde hace mucho, lo segundo esperamos que con la nueva ley sea realidad concreta. Hay muchos capitales, tanto bolivianos como externos, que han estado aguardando una normativa que les brinde garantías de seguridad jurídica. Ahora que esa disposición está, hay que avanzar y seguir. El desarrollo precisa capitales e inversiones y éstos demandan seguridad. El ciclo virtuoso tiene que cerrarse positivamente.

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Publicado en Fecha: 27 de abril del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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