Persiste la subalimentación

Según datos divulgados recientemente por la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) Bolivia tiene subalimentada al 21,3% de su población. En otras palabras, prácticamente la quinta parte de sus habitantes no recibe nutrientes adecuados.

Otros informes independientes señalan que en nuestro país es relativamente fácil acceder a la alimentación. El problema de fondo sigue siendo la calidad de esa alimentación, sobre todo cuando ella se produce en la temprana infancia, período crucial donde si no hay nutrición adecuada los daños cerebrales a futuro son irreversibles. Tanto en el altiplano como en valles y llanos, persiste la costumbre de “llenar” la barriga del infante con carbohidratos de poco contenido nutricional, tales como papas, pastas, arroz, trigo, maíz, etc. Faltan en esos abundantes platos dosis adecuadas de proteínas de origen animal o vegetal, fuentes nutricionales básicas. El pueblo boliviano -en promedio- no come mucha quinua ni soya, menos aún carnes, leche, quesos o pescados en cantidades suficientes. Esos malos hábitos alimenticios hay que modificarlos por inducción mediante sanos estímulos y educación pública.

Los índices de desnutrición infantil boliviana felizmente han bajado durante los últimos años, pero todavía queda mucho por hacer a fin de lograr una dieta balanceada verazmente nutritiva para nuestros niños -el futuro de la patria- con el objetivo de que crezcan fuertes y dotados de toda su capacidad mental.

Uno de los desafíos básicos de Bolivia es el proseguir disminuyendo tanto mortalidad como desnutrición infantil, a fin de asegurar un porvenir venturoso a las nuevas generaciones. He aquí un tema crucial que nos involucra a todos, pero es el Estado quien tiene el rol fundamental educando y orientando a los padres en torno a la necesidad de procurar nutrientes adecuados para sus hijos, sobre todo entre el nacimiento y los primeros cinco años de vida, período fundamental de desarrollo que, bien llevado, determinará la normalidad del niño. Si así no ocurriera, esa criatura crecerá con fallas de tipo mental o físico irremediablemente permanentes. Por eso es tan fundamental concientizar a los padres sobre la importancia de la nutrición a temprana edad. Si no se tomaron los cuidados necesarios en ese período inicial, el daño puede ya haberse realizado y más adelante no se lo podrá reparar, aunque los nutrientes abunden.

Muchas cosas han cambiado positivamente en Bolivia, pero el problema de la subalimentación aún persiste. Es un tema cuya resolución dependerá de la aplicación sistemática a largo plazo de diversos programas educativos. Entre ellos, insistir acerca de la necesidad de diversificar la base alimentaria para incluir más proteínas y reducir el exceso de carbohidratos..

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Publicado en Fecha: 26 de enero del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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