¡Salvemos al jaguar!

El jaguar -comúnmente llamado “tigre” en Bolivia y en otros lugares del continente americano- es uno de los gatos salvajes menos estudiados. Por su naturaleza solitaria, sumada ésta a su extenso hábitat –desde las selvas de Centro América hasta las extensas regiones amazónicas, del Pantanal y del litoral rioplatense -, las investigaciones científicas en torno a este notable felino han sido de mucho menor escala que las realizadas con sus parientes de otras latitudes. Tercero en tamaño y peso dentro de la línea gatuna, el jaguar solamente es superado por el tigre asiático y el león africano. Se parece al leopardo (4º en tamaño) pero el jaguar es mucho más macizo.

El significado del nombre “jaguar” está sujeto a controversia. Todos coinciden sí en que la expresión pertenece a las lenguas tupí-guaraníes. La palabra de la cual parece que se ha derivado el apelativo es “yaguara”, que significa para algunos carnívoro y para otros “gato que mata”. Esta última me parece la definición más adecuada.

La emblemática figura del jaguar ha sido objeto de múltiples leyendas y cultos entre algunos pueblos originarios de las Américas; se dice hasta hoy que los guerreros que llevan consigo el espíritu del jaguar son invencibles.

Pese a no tener enemigos naturales y estar también al tope de la cadena alimentaria, el jaguar ha sido cazado sin piedad por el animal más cruel y sanguinario de la tierra, que como bien sabemos, es el ser humano. Además, el jaguar ha visto también progresivamente reducido su hábitat. Sin ir muy lejos, en muchos casos chocó con la expansión de zonas agropecuarias de varios países, convirtiéndose así en peligro para el ganado por su natural condición de depredador. El valor de la piel del jaguar también generó codicia y se lo cazó sin piedad. Poco se hizo en el pasado por conservar a este hermoso felino, expresión palpable de fuerza, poder y tradición telúrica.

Pero ¡al fin! ya se ha dado la voz de alerta: el jaguar está ahora oficialmente en la lista de animales en peligro de extinción. En función de ello, varios organismos internacionales han brindado y brindan valiosos apoyos para lograr su conservación en espacios naturales pero la tendencia es declinante, por persistir aún el dañino tráfico criminal de pieles salvajes. Esto debe parar y ser severamente penalizado, sobre todo en las regiones del oriente boliviano donde todavía tenemos la suerte de contar con la presencia del misterioso jaguar. Las autoridades del país deberán hacer lo suyo. Si en la actualidad el tigre de Bengala está prácticamente extinto en su lugar de origen y apenas sobrevive en parques zoológicos, no podemos permitir que lo mismo suceda en el futuro con este magnífico e icónico felino americano. ¡Larga vida en libertad al jaguar!

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Publicado en Fecha: 25 de mayo del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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