Entre los muros de ayer y de hoy

Hace poco se realizaron múltiples celebraciones con motivo del 25º aniversario de la caída del Muro de Berlín. En medio de tanto afán mediático, recordé una modesta nota que escribí hace once años titulada “Del Muro de Berlín a los muros del Siglo XXI”. En esa oportunidad me referí a dos muros vigentes pese al derrumbe -ya en 1989- de tan ominosa barrera: el de México y los Estados Unidos, la llamada “cortina de tortilla” (en realidad es de concreto) y el vallado construido entre Israel y los territorios palestinos. Ambos muros siguen en pie hasta hoy, cada uno con su grado de validez pese a las críticas externas. Uno para evitar el ingreso de ilegales y el otro de potenciales terroristas.

El concepto de “muro”, “cortina” o “muralla” no es novedoso, viene de la más remota antigüedad; se refiere siempre a “x” tipo de obstáculos construidos para evitar el ingreso de potenciales. Así tenemos la ancestral muralla china en Asia, el Muro de Trajano -defensa fortificada que cerraba el Imperio Romano por el este, el Muro de Britania, Adriano, Antonino, etc. Del Siglo XX podemos mencionar a las Líneas Maginot y Sigfried en Francia y Alemania respectivamente. Vale también al célebre “Telón de acero” de Joseph Goebbels y su posterior adaptación occidental -popularizada por Winston Churchill como “Cortina de hierro”- para referirse a los países que tras la derrota germana de 1945 cayeron bajo la influencia directa del comunismo impulsado por la entonces poderosa Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS).

En el contexto interno de la cortina de hierro –idealización geopolítica que dividió Europa entre capitalismo y comunismo- surgió algo tangible: un muro que separaba a la parte oriental de Berlín (en manos rusas) de la parte occidental ocupada por Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia. Personalmente pude cruzar el muro en 1982, pleno auge de la guerra fría, cuando Ronald Reagan forzaba una carrera armamentista con la URSS que terminó con la fragmentación de esta última en 15 repúblicas independientes. El muro era tétrico e infame, brindaba la patética imagen de una nación (Alemania) y de un mundo separado por las ideologías dominantes de la época. Como es sabido, ese muro finalmente cayó en 1989. Poco después (1991) se disolvió la URSS, quedando el comunismo en el limbo de la historia.

Hasta hoy persisten muros físicos en este planeta (aparte de las barreras nombradas anteriormente) tales como los que dividen Arabia Saudita del Yemen, India de Pakistán y también existen barreras en otras zonas fronterizas “calientes”. Lo peor, sin embargo, está en los muros que no se ven, en aquellos escabrosamente formados en el cerebro humano. Seguimos teniendo muros mentales en materia de varios tipos de discriminación y de otros dañinos elementos que dividen artificialmente a la gente. Hay que barrer con todos los muros físicos y del pensamiento, para que al fin seamos verdaderamente libres e iguales, para que podamos vivir en un mundo pacífico y armónico. Está aún lejos esa deseada realidad, pero tenemos derecho a soñar con ella.

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Publicado en Fecha: 23 de noviembre del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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