Disquisiciones sobre la COMIBOL

Diversas circunstancias políticas del pasado obstaculizaron la optimización empresarial de la Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) desde su inicio y durante todas las etapas de su funcionamiento. Hoy el rol dinámico que otrora tuvo como motor de la economía nacional está prácticamente extinguido. Los hidrocarburos –particularmente el gas- tomaron el lugar de “cajeros” de la economía estatal boliviana.

Más allá de potenciales corruptelas o despilfarros, hay quienes opinan que sin COMIBOL no habría desarrollo pleno en el Oriente y que sin COMIBOL no hubiéramos logrado afianzar nuestra débil soberanía sobre la explotación y comercialización de las riquezas del subsuelo –incluyendo la expansión y crecimiento exponencial de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB). Muchos creen, en suma, que sin una COMIBOL -más allá de fallas o errores administrativos cometidos- esta Bolivia de la hora presente no hubiera sido posible.

En su época, el traspaso al Estado de la gran minería era irreversible; formó parte del proceso histórico-dialéctico que le tocó vivir a Bolivia en la mitad del pasado Siglo XX, así como ahora se vuelve a vivir un período de capitalismo de estado cuyos resultados finales aún no se pueden prever.

Fue la COMIBOL -en su estelar momento– la empresa estatal más grande y poderosa de Bolivia, el nervio central que con su traslación de fondos a otros sectores permitió la diversificación económica y amortiguó el desequilibrio entre regiones del territorio patrio. Desde este punto de vista la COMIBOL no fue un fracaso; tuvo éxito y generó desarrollo. Desde la fría perspectiva empresarial de relaciones costo-beneficio el resultado fue distinto. La historia futura, con la objetividad que el tiempo proporciona, seguramente nos dará el balance adecuado.

Cada tanto se habla de la reestructuración de COMIBOL para ponerla al día en términos del presente tercer milenio. Es más, tiempo atrás leí que se le quería cambiar el nombre por “ECOMIN” o algo por el estilo, pero últimamente no se ha vuelto a tocar el tema. Ahora se viene la nueva Ley de Minería, habrá que examinar con atención cómo y de qué manera se articulará el sector con esta nueva legislación. Se mantenga COMIBOL, desaparezca o se cree sobre la base de lo viejo una empresa nueva, es un hecho que la Corporación Minera de Bolivia tendrá siempre un sitial destacado (y discutible) en la historia económica del país.

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Publicado en Fecha: 23 de febrero del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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