Transporte público e inspección vehicular

Pronto se iniciará nuevamente en el país una gran burla que se repite cada año. Me refiero a la llamada “inspección vehicular”, impuesta por la Policía Boliviana con el único fin de recaudar dinero. Prueba de esto último: el responsable es el Director de Recaudaciones de la institución verde olivo, no un “inspector jefe técnico” o algo por el estilo. Nada de técnica ni de conocimientos: lo importante es cobrarle una gabela al propietario del vehículo. Este rito anual se realiza ante el silencio de autoridades y dueños de automotores, salvo aisladas protestas.

Lo repito una vez más: si se hiciera un control en serio, por lo menos el 75% de los vehículos que ruedan en el país deberían ser puestos fuera de circulación. Por supuesto, pretender controles serios es pedir lo imposible. Es más, circulan peligrosamente “cacharros” que por llevar la viñeta de “inspección” pasan cualquier control, lo que no sucede con autos último modelo, que si no tienen la bendita “roseta” son declarados “no aptos” para circular y encima se les impone una fuerte multa. El mundo al revés, aunque usted no lo crea.

Lo grave del tema recae en el transporte popular, el que teóricamente reviste particular cuidado. ¡Ah! Pero parece que eso tampoco importa. Por lo menos así se deduce de una simple mirada al parque automotor público, léase micros, camiones, colectivos, minibuses, trufis y taxis. Afirmo -casi con certeza absoluta- que si se realizara un riguroso control el 80% de las movilidades al servicio del público debería quedar fuera de circulación por fallas insalvables. Cualquiera puede ver (o peor, subirse a) vehículos de transporte totalmente destartalados, sin luces, sin paragolpes, sin ventanas con vidrios de seguridad (algunos llevan simples plásticos), con llantas en pésima condición y así, en fin, la lista interminable de defectos sigue. Ojo: menciono lo que se ve, lo que no se ve es aún más grave: fallas mecánicas, falta de frenos, motores agotados, pésima suspensión, etc. La consecuencia terrible de tales descuidos es una enorme cantidad de accidentes de tránsito con su penosa secuela de tragedias. Bolivia ostenta altas tasas de mortalidad vial en función de su población. Por algunos días los medios difunden el drama de turno pero una vez disipada la noticia los cascajos siguen circulando con desfachatada impunidad. Nadie hace nada, persiste el desprecio por quienes obligadamente deben subirse a esos destartalados vehículos arriesgando a diario sus vidas. Tal descalabro sucede a vista de todos. Para colmo, la inmensa mayoría de esos remedos de automotor ostentan viñeta de “inspección”. Total, es fácil comprarla, ya que parece ser un negocio privado de la Policía y no lo que teóricamente debería ser: la prueba de haber pasado por rigurosas inspecciones mecánicas e instrumentales.

Llamo respetuosamente la atención de las autoridades encargadas del control vehicular y de salvaguardar la seguridad del público usuario. Si van a inspeccionar, inspeccionen en serio. Si se trata solo de cobrar, den una cuenta en el Banco Unión para depositar lo que corresponda y listo. Las cosas como son. Habría que sacar de la calle a todo tipo de transporte colectivo que no reúna condiciones mínimas exigidas por estándares internacionales en la materia. Hay que imponer orden de verdad.

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Publicado en Fecha: 19 de octubre del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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