Sin control: cinturones de seguridad y celulares

Aunque se ha comprobado lo imprescindible –por la propia seguridad de conductor y acompañante- que resulta usar el cinturón de seguridad, el motorista boliviano ignora en absoluto esa norma elemental, sin percatarse que podría salvarle la vida en caso de accidente o por lo menos evitarle terminar con el rostro desfigurado. Es más, varios taxis del servicio público no tienen cinturones de seguridad. Lo he comprobado personalmente al viajar en alguno de esos taxis y querer ponerme –infructuosamente- el cinturón. “Total –dicen- nadie lo exige”.

Lo escribí hace mucho tiempo y lo repito: si se hiciera un control serio de la seguridad vehicular -en lugar de la burla de la inspección vehicular que sólo tiene como objetivo recaudar fondos para la Policía-, más de la mitad del parque automotor debería ser retirado de las calles y rutas nacionales. La carencia de un auténtico control permite el libertinaje que se observa en la materia.

Hace falta más, mucho más, para educar al público y que sea éste el primero en exigir la presencia del cinturón de seguridad. Asimismo, el conductor debería llevarlo siempre puesto mientras conduce. En Brasil, luego de enormes controles y fuertes multas, el sistema finalmente se impuso. Si uno se sienta en la parte delantera, el chofer del taxi brasileño está observando al pasajero para que de inmediato también se coloque su cinturón de seguridad. Ese conductor aprendió lo útil del artefacto y además, de ser visto con alguien que no lleva el cinturón de seguridad, será penalizado de inmediato. En Bolivia nada de eso acontece. El desorden y el descuido suicida priman por encima de todo.

El mismo caso del cinturón sucede con quienes imprudentemente hablan por teléfono mientras conducen, lo que ya ha provocado tantas muertes y accidentes como las ocasionadas por conductores borrachos. No hay autoridad para imponer un cambio en estos nefastos hábitos, los que hasta desafían el concepto de racionalidad del ser humano por la inherente irracionalidad de hacer algo que la propia persona sabe que está mal y va en contra de ella misma.

Un crecimiento urbano ordenado debe derivar en nuevas normas de seguridad vehicular, avaladas éstas por sanciones duras e inmediatas. Sin un trabajo conjunto de la Policía y de los gobiernos municipales, el caos aumentará. Seguiremos sin cinturones de seguridad y con muchos locos manejando con una sola mano hasta en maniobras riesgosas mientras no hablan o -peor- redactan mensajes de texto en sus teléfonos móviles. Cuando la gente no quiere aprender por sí ni usa su propio sentido común, una fuerza superior tiene que ser ejercida sobre ella por su propio bien. Ese tiene que ser el caso de drasticidad con los cinturones de seguridad y con el uso de los celulares mientras se conduce.

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Publicado en Fecha: 18 de mayo del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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