El encanto y poder del aire

Desde antes de la leyenda griega de Ícaro, el ser humano soñó con las alturas, con su capacidad de elevarse por encima del suelo que lo retiene por simple vigencia de la ley de gravedad. Asimismo, varias creencias filosóficas y religiosas han venido hablando de los cielos (y del ascenso a ellos) desde tiempos inmemoriales.

El hombre siempre ambicionó poder volar. Recién con el globo aerostático de 1783 -perfeccionado en Francia por los hermanos Montgolfier sobre la base del invento del jesuita ibérico Bartolomeu Lourenço de Gusmão- estar en el aire se hizo realidad aunque todavía en forma primitiva. Sin embargo, se seguía pensando en dos dimensiones. Napoleón Bonaparte ignoró este avance tecnológico, cuya utilización bien que podría haber cambiado el curso de su derrota definitiva en Waterloo (1815) de haber avistado mediante los globos el avance de las tropas prusianas que se acercaban en auxilio del Duque de Wellington y resultaron ser decisivas.

Tras múltiples experiencias e inventivas en torno al aeroplano, particularmente las pioneras de Santos Dumont y los hermanos Wright, finalmente se pudo volar desde el pasado Siglo XX en máquinas que fueron mejorando paulatinamente. La evolución prosiguió; ya en la Primera Guerra Mundial se hizo uso de los aviones para gallardos combates aéreos y transporte de correspondencia. Surgió también la teoría del poder aéreo, complemento de los tradicionales poderes terrestre y naval. Se comenzó a pensar y actuar en tres dimensiones.

Tras la tragedia de los primeros bombardeos aéreos durante la guerra civil española, esa horrenda práctica prosiguió implacable en la Segunda Guerra Mundial. Las bombas destruyeron ciudades y aniquilaron poblaciones civiles en la Europa beligerante, pero no pudieron contener la creciente fabricación de armamentos por parte de la Alemania nazi. Al final, ni el bombardeo táctico ni el estratégico de largo alcance definieron el conflicto. Este se terminó el 8 de mayo de 1945, poco después que tropas rusas de infantería ocuparon la capital germana. En Japón. dos bombas atómicas provocaron su rendición en agosto. Pese a todas estas experiencias, el poder aéreo no resultó decisivo. Una vez más la ocupación terrestre fue determinante.

En el conflicto librado entre tropas de Vietnam del Sur y de los Estados Unidos contra el Ejército de Liberación Nacional (Vietcong) de Vietnam del norte, EE.UU siempre dominó el aire. Es más: bombardeó sistemáticamente territorio vietnamita con bombas de fósforo (Napalm) y otros contundentes mecanismos lanzados por los gigantescos B-52. Tampoco en este caso el dominio aéreo aseguró nada, la última palabra la tuvo el líder militar nativo Vo Nguyen Giap, quien salió victorioso de la contienda (30 de abril de 1975) al ocupar Saigón reunificando así al Vietnam.

El encanto por el aire permanece. Ahora todo el mundo vuela en avión y rodeado de comodidades. El medio de transporte aéreo es –además- el más seguro del mundo. Aviones supersónicos, satélites y transbordadores espaciales agregaron otra cuota en el camino hacia la conquista aérea dentro y fuera de la atmósfera terrestre. La fascinación con el aire sigue incólume hoy en el tercer milenio, pero está visto que las guerras se ganan con el soldado de a pie. Ninguna contienda se ha decidido –hasta ahora- por medio del poder aéreo.

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Publicado en Fecha: 17 de agosto del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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