Persistencia del costo boliviano

Aunque algo se avanzó en estos últimos años el negativo “costo boliviano” persiste. Diversas encuestas internacionales señalan a Bolivia como uno de los países más complicados del mundo para realizar negocios o tramitaciones. A ello debemos agregar la falta de buenos caminos, los persistentes bloqueos y la mentalidad de “país tranca” que persiste hasta hoy, no sólo en manifestaciones personales o mentales, sino en la propia realidad física. Cualquier rutina administrativa se puede convertir en un verdadero tormento. Esto es válido también para entidades privadas, no le echemos toda la culpa al Estado. Recientemente tuve que hacer una modesta transferencia interbancaria de dinero entre dos bancos, uno de ellos tiene inclusive un eslogan publicitario acerca de “simplificar la vida” He aquí que en la ventanilla del banco “simplificador” me hicieron llenar un formulario en papel físico y a mano ¿No sería mejor tenerlo digitalizado o hacer las cosas en forma más fácil? Me llamó la atención y por eso lo comento, al margen de la óptima atención que siempre he recibido de esa solvente institución financiera.

Si del sector privado pasamos al público, las situaciones de martirio burocrático pueden llegar a ser insoportables. Es más, mucha gente, abrumada por la cantidad de idas y venidas, colas y firmas que hay que cumplir o llenar, opta por no hacer nada. El resultado: una potencial empresa que nunca existirá, un potencial negocio o inversión que jamás se realizará. Peor aún: lo más probable es que los que se cansan de las tramitaciones se pasen al lado informal, donde todo se hace expeditivamente, pero claro, sin pagar impuestos, sin legalidad y en algunos casos entrando directamente en terrenos delincuenciales. Hay que hacerle más fácil la existencia al pueblo, debe mitigarse el costo boliviano. Por ejemplo: ¿Cómo puede ser que si traigo una muñeca para mi nieta debo pagar impuestos aduaneros por no ser el juguete de “estricto uso personal”? ¿Vale la pena llegar por este asunto tan baladí a extremos de tensión al llegar a un aeropuerto? Nada de abusos, la ley está para cumplirse, pero eso en el marco de una interpretación amplia. Lo “estrictamente personal” -en el marco del limite de valor monetario establecido por la Aduana- tendría que incluir cosas sencillas que el viajero trae del exterior para sus allegados. He aquí otra demostración del costo boliviano.

En este tercer milenio lo que sea simple será siempre más seguro y efectivo. Como ya lo expresé en otra oportunidad, liquidemos al país tranca, transformemos a Bolivia en estado facilitador. Debe superarse el nefasto costo boliviano.

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Publicado en Fecha: 16 de noviembre del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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