La ecuación básica de la política

¿Cuál es el tema esencial de la política? La gente comúnmente dice que la política es la ciencia del estado; algunos creen que es el arte de lo posible, mientras otros expresan que es el arte del gobierno. No faltan aquellos que identifican a la política con el poder o la definen como la ciencia del poder. El idioma castellano no brinda -como sucede en la lengua inglesa- la posibilidad de tener dos palabras distintas: "politics" (para todo lo referente a principios fundamentales) y "policy" (acciones o decisiones ejecutadas por quienes gobiernan y sustentadas por determinadas visiones filosóficas). Repasaré algunos viejos conceptos escritos tiempo atrás y que siguen siendo interesantes.

La política es el mecanismo a través del cual en toda sociedad -desde una tribu primitiva hasta un estado nacional moderno- se establecen decisiones de autoridad mediante mecanismos de sanción probable a fin de generar obediencia voluntaria. El concepto de poder implica la capacidad de modificar la conducta de otros según nuestros propios deseos, la capacidad de imponer la propia voluntad.

En cualquier sociedad organizada (aún en las comunidades primitivas) existirá un sistema –impuesto o institucionalizado– mediante el cual se aplica y se ejerce el poder. Sea un Consejo de Ancianos, el mejor cazador o el Órgano Ejecutivo en Bolivia, ahí está el poder: ellos pueden premiar, sancionar y cambiar nuestra conducta con solamente así decidirlo, siempre claro, en el marco de las reglas del juego aceptadas por la población. Ese poder será delegado, será institucionalizado a través de mecanismos legales, será tradicional o será de naturaleza carismática –como decía Max Weber– pero tiene que haber poder, la capacidad de imponer y de ser obedecido. He aquí la ecuación básica de la política: posibilidad de mandar y lograr obediencia, amenazando para ello con sanciones probables a quien no acepte la norma. No puede haber política sin que la gente obedezca a quien tiene el poder; sin obediencia la sociedad se fragmentaría; por otra parte, tiene que existir una clara amenaza de castigo para el desobediente. Toda organización humana tiene en su base al poder y quien ejerce ese poder siempre amenazará con sanciones probables cualquier violación de las pautas de convivencia de la comunidad.

Con el tiempo, el delicado balance de la ecuación política genera la obediencia voluntaria. Sin una mayoritaria obediencia voluntaria, no puede existir absolutamente ningún tipo de sociedad estable. A su vez, el hecho de aceptar las pautas emanadas de la autoridad –que pueden estar en textos constitucionales como también ser producto de transmisiones orales, tradiciones o mera costumbre– alimenta progresivamente la legitimidad, el sentimiento colectivo de que los actos de los mandantes hay que aceptarlos y acatarlos. Cuando hay legitimidad, el sistema político se refuerza notablemente. La legitimidad genera estabilidad y produce permanencia.

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Publicado en Fecha: 16 de febrero del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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