El Congreso de Viena y la realidad

A raíz del actual desorden en el orbe y debido a la última obra de Henry Kissinger (“Orden Mundial”) se publicaron comentarios alusivos. En El País de Madrid (2.10.14) un trabajo de Dominique Moisi titulado “El Congreso de Viena como inspiración”, expresa en la parte final: “al confrontar el creciente desorden y la escalada de la violencia de hoy, los dirigentes que tenemos en la actualidad harían bien si se inspiraran en sus antepasados, quienes, doscientos años atrás, abrieron el camino a casi un siglo de paz”. El autor se refiere al Congreso de 1815 convocado en Viena tras la caída de Napoleón Bonaparte. Justamente Kissinger ("Un Mundo Restaurado”, FCE, México), hizo tiempo atrás un recuento brillante de ese cónclave y de sus personajes, en especial el austríaco Metternich, el inglés Castlereagh y el francés Talleyrand. Ellos estipularon -implícitamente en función de los intereses británicos- un equilibrio de poder que no pudo evitar conflictos aislados, aunque sí generó cierta calma en el occidente europeo (55 años), súbitamente alterada por la derrota de Francia en Sedán (1870) ante el flamante Imperio Alemán. Luego, de 1870 a 1914 pasaron 44 años sin guerras en el núcleo de Europa, pero sí las hubo en su periferia.

Desde antes del Congreso Austria estuvo disminuida, venía decayendo como consecuencia de las derrotas frente a Bonaparte. El talento del príncipe Metternich permitió que el imperio multinacional de los Habsburgo asuma relevancia en Viena y prolongue así su agonía hasta desaparecer en 1918. Al final, el orden como tal no duró mucho. El Congreso de Viena sí permanece hasta hoy como un ejemplo de consenso realista entre fuerzas antagónicas. Hoy ese evento sirve también de inspiración frente a tanto desconcierto por la falta de estadistas con visión estratégica, lo que dificulta la posibilidad de generar un nuevo orden mundial consensuado para lo que queda del Siglo XXI.

Más allá de lo comentado y de los notables resultados obtenidos en Viena, he aquí una lista impresionante de conflictos que tuvieron lugar a partir del Congreso de 1815: guerras de la independencia centro y sudamericana, guerra México-EE.UU., guerra de secesión en EE.UU., guerra de Crimea, guerra franco-prusiana, guerras del opio en China, guerra de la triple alianza, guerra del Pacífico, guerra ruso-japonesa, guerra entre España y EE.UU., guerras de bóers contra zulúes y de bóers contra ingleses, guerras de los Balcanes (1910-1913), otras contiendas menores que no recuerdo y finalmente la Primera Guerra Mundial iniciada en 1914, año que según muchos pro británicos y ahora el galo Moisi, “marcó el fin de casi un siglo de paz” (¿¿??). No por casualidad, esa época entre Viena 1815 y Sarajevo 1914 coincidió con la "pax británica", que permitió la expansión inglesa hasta ocupar la cuarta parte del globo terráqueo. ¿El resto del mundo? Para los ingleses no importaba mucho, sobre todo mientras nadie los perjudique ni les haga competencia, algo que recién comenzó a hacer Alemania desde principios del Siglo XX, rompiendo así la balanza de poder.

Kissinger -pese a su origen judeo-germano- heredó esa tradición anglosajona de equilibrio que no necesariamente refleja la verdad del orden internacional. El concierto europeo forjado en 1815 tal vez no duró mucho pero sí incubó vitales factores diplomáticos y geopolíticos que le dieron resonancia. Además, brillaron allí talentosas personalidades de la época. El evento fue conservador; restableció las bases de una Europa pre Revolución Francesa -y sus secuelas napoleónicas- e impuso un equilibrio continental que favoreció hasta 1914 el crecimiento del imperio británico, en ese entonces indiscutible dominador de los mares a través de su flota.

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Publicado en Fecha: 12 de octubre del 2014
Escrito por:
Agustín Saavedra Weise
Ex canciller, economista y politólogo

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